La alimentación emocional.

La alimentación emocional es un problema que afecta a una gran parte de la población y que afecta ambos sexos por igual y a todas las condiciones sociales.  La ansiedad, la ira o la tristeza son emociones que fácilmente relacionamos con la comida y que nos llevan a comer en exceso, muchas veces sin sentir un apetito real. Esta forma de comer puede convertirse en un problema cuando se presenta de manera recurrente, es entonces cuando debemos de aprender a controlar este tipo de conductas. En el presente artículo os expongo algunos consejos que os pueden ser útiles para gestionar este tipo de alimentación basada en las emociones

¿En qué consiste la alimentación emocional?    

alimentacion emocional

la alimentación emocional hace referencia al hecho de recurrir a la comida como una forma de aliviar la vivencia de una emoción que generalmente es negativa. A todos nos sonará la clásica escena de película en que la protagonista, después de haber sufrido algún fracaso sentimental, corre a refugiarse en cantidades desmedidas de helado o chocolate. La alimentación emocional representaría pues, una forma de enfrentarse a un estado de ánimo negativo o se trataría de una respuesta para huir de un estado aversivo. Los estados de ánimo negativos se relacionan con el hecho de que se coma más, lo que provoca aumentos de peso que, a su vez, incrementan esos estados anímicos negativos, tratándose de un círculo vicioso que perpetúa el fenómeno de la alimentación emocional.

¿El estrés, la ira o tristeza te conducen a comer de manera impulsiva ? ¿Tienes tendencia a darte atracones de comida cuando estás aburrido? Muchas personas realizan este tipo de conductas, pero si a menudo comes por razones emocionales en lugar de comer porque te sientes hambriento, eso puede convertirse en un problema.

¿Te consideras un comedor emocional?

La alimentación emocional no está considerado un trastorno, es un comportamiento que presenta una gran parte de la población, sólo se convierte en un problema cuando se utiliza con frecuencia. Si esta conducta se agrava en el tiempo o repercute en la autoimagen de uno mismo puede acarrear otros problemas que pueden interferir de manera importante en la vida personal, social y laboral de la persona. Algunos problemas asociados a la alimentación emocional son los problemas de insatisfacción corporal, los trastornos de la conducta alimentaria como bulimia nerviosa, trastorno de la ingesta compulsiva, trastorno del comedor nocturno y los problemas de autoestima y de ansiedad. La necesidad de comer más de lo necesario es una forma segura de aumentar de peso. Representa un problema aún mayor si  ya se presentan problemas de salud como la diabetes, la obesidad o hipertensión arterial.

Es importante procurar que el problema se mantenga a raya. Aunque el de la alimentación emocional parezca un problema difícil de superar, puedes recuperar el control de tu alimentación emocional con un poco de paciencia, fuerza de voluntad y unos cuantos consejos básicos.

¿Cómo dejar de comer en exceso?

Existen estrategias para poder gestionar nuestras emociones y dejar de recurrir a estímulos externos (en este caso a la comida) para disminuir nuestros sentimientos negativos, ya que solo nos alivian de manera momentánea, reapareciendo luego esos sentimientos negativos y con más intensidad.

Hoy te voy a dar una serie de consejos básicos que te pueden ayudar a controlar este tipo de conductas y mantener a raya tu alimentación emocional.

  1. Primero de todo: debes de tomar consciencia de cuando comes cuando estás hambriento y cuando comes porque te invade una emoción negativa como puede ser la tristeza, la ira, o el aburrimiento. Se ha observado que los estados de ánimo que mayormente se han relacionado con la alimentación emocional son el estrés, el aburrimiento, la frustración, la  ansiedad, la ira y la depresión. Una posible hipótesis que explicaría “el comer emocional” se basa en que se trata de una mala interpretación y afrontamiento de los estados emocionales y viscerales relacionados con la sensación de hambre y saciedad (Van Strien, 2000), es por eso importante tomar consciencia de ello.
  2. El segundo paso será el identificar las señales del hambre o en el caso de que no se coma por hambre, identificar que emociones te conducen a comer. Puede ayudarte el realizar una hoja de registro anotando el día y la hora, la situación (lugar y circunstancias en los que tomas la comida) y el tipo de emoción que sientes antes de comer. Es importante prestar atención a los pensamientos y sentimientos que experimentas antes de comer, cuanto más consciente seas de tus experiencias internas, más podrás elegir la forma de lidiar con ellas.
  3. Una vez que te hayas dado cuenta de que realmente tu tipo de alimentación es emocional, debes de evitar castigarte a ti mismo, te aconsejo que intentes transformar el sentimiento de culpabilidad en “una mayor auto-compasión” hacia ti mismo. Después de comer no sólo no se han resuelto las circunstancias que causaron el malestar (pensamientos negativos sobre la autoimagen, problemas personales, etc.) sino que el estado emocional de la persona empeora, aparecen los sentimientos de culpabilidad, sentimientos negativos de baja autoestima y baja fuerza de voluntad, etc. Castigarte a ti mismo o culpabilizarte sólo añadirá un mayor estrés, lo que puede conducirte a comer más de manera emocional.
  4. El siguiente paso será buscar soluciones. Puedes comenzar con un simple paso: realiza una lista de lo que te está estresando y traza un plan para tomar el control de la situación,  si puedes cambiar la situación deberás buscar soluciones y pasar a la acción. Si el problema está fuera de tu control,  puedes gestionar su forma de pensar en el problema. Considera hablar con un psicólogo para que puedas entender mejor lo que te está sucediendo y para que pueda ayudarte a gestionar de la mejor manera el problema. Incluso unas pocas sesiones pueden ayudarte.
  5. Te puede ayudar el añadir un tiempo de espera entre la necesidad  y el acto de comer. Eso te dará tiempo de reflexionar y de tomar consciencia de cómo te sientes y por qué quieres comer. Cuando notes el impulso de comer una galleta por tristeza o aburrimiento, recuerda que tienes la opción de esperar. Dite a ti mismo “más tarde lo voy a hacer, puedo esperar”. Incluso si después lo haces igualmente, el hecho de retrasar la acción te dará una mayor sensación de autocontrol.
  6. Cuando tengas la tentación de picar por razones emocionales llevando a cabo un tipo de alimentación emocional, cámbiate de lugar o intenta distraerte realizando alguna actividad, sustituye la necesidad de comer por otra cosa o actividad.

A pesar de los consejos, muchas veces por nosotros mismos es difícil llegar a romper con esta asociación entre emociones y conducta de comer y necesitamos aprender otras maneras más efectivas de poder gestionar correctamente nuestras emociones, si sientes que después de numerosos intentos no has conseguido poner fin a este problema quizás pueda serte útil la ayuda de un profesional.

Parece claro que alimentarnos dejándonos llevar por las emociones no es una buena solución para resolver nuestros problemas personales. Hoy hemos hablado de la comida, pero también podríamos hablar del alcohol o la adicción a otras sustancias que actuarían también como elementos a los que personas recurren para aliviar su estado emocional (y a veces sin llegar a ser sustancias, por ejemplo la adicción a las compras, al trabajo…). Podemos aprender a consumir alcohol, a jugar, a comprar compulsivamente, a enfrascarnos en sesiones interminables de Internet, o simplemente a comer si es lo que hemos hecho repetidas veces cuando nos hemos sentido tristes.

Es importante saber gestionar correctamente nuestras emociones y no vincularlas ni a necesidades ni a elementos externos a nosotros mismos, una mayor comprensión de nuestros estados emocionales nos hará más libres y nos permitirá acercarnos al bienestar.

Dra. Judit March

Psicóloga col. 18630 (COPC)
Tlf. 659444903
www.juditmarch.com

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