Intervención psicológica en lesiones deportivas

Las lesiones son un suceso frecuente en la vida de los deportistas de cualquier modalidad y cualquier nivel competitivo, es muy difícil encontrar un deportista que lleve varios años de práctica y que nunca se haya lesionado, así pues, son parte de la vida deportiva.

A través de estas líneas quiero exponer la influencia de las variables psicológicas que inciden tanto en la aparición como en la recuperación de lesiones.

Podemos hablar en primer lugar de factores psicológicos de vulnerabilidad a la lesión; tras décadas de investigación existe en la actualidad un gran consenso entre los especialistas en considerar el estrés físico y psicológico como el factor clave de predisposición a la lesión.

Concretamente, a nivel psicológico estaríamos hablando de la respuesta al estrés, que se compone de:

  1. los rasgos de personalidad del deportista,
  2. su historia de estresores y
  3. las capacidades de afrontamiento que éste posea.

De este modo, un deportista que se enfrente a una situación de estrés y tenga unos rasgos de personalidad que tiendan a incrementar la respuesta ante el estrés, sufra o haya sufrido un número importante de factores estresantes y cuente con unas capacidades de afrontamiento de la situación reducidas, sufrirá un incremento de la tensión muscular y unas alteraciones atencionales que pueden originar la aparición de lesiones deportivas. En líneas generales, este sería el perfil de deportista predispuesto a lesionarse.n_27965_1

Este modelo nos proporciona una herramienta importante de prevención, pues realizando una evaluación adecuada podemos llegar a detectar aquellos deportistas que se encuentran en riesgo de lesionarse antes de que ocurra el suceso e intervenir con medidas correctoras (estrategias de afrontamiento, control de la activación y la atención, etc.) para reducir el riesgo.

En segundo lugar, existe un trabajo psicológico especializado una vez la lesión ha ocurrido dirigido a la rehabilitación y recuperación del deportista. Esto es más importante cuanto mayor es el nivel de profesionalización (los deportistas de alto nivel cargan no sólo con sus expectativas, sino también con las del entorno) y la gravedad de la lesión.

La intervención en este ámbito pasa necesariamente por una estrecha colaboración entre el psicólogo del deporte y el equipo médico recuperador (cirujano, fisioterapeutas, readaptador, etc.)

En líneas generales, la intervención psicológica debe basarse en los siguientes aspectos:

  1. Respuesta emocional y manejo de expectativas ante la lesión: todos conocemos los casos de deportistas que, pese a considerarse 100% recuperados a nivel físico de una lesión, no vuelven a alcanzar el rendimiento previo que tenían antes de lesionarse. Los temores, miedos y expectativas poco realistas tienen una clara influencia negativa en estos casos que impiden al deportista alcanzar su máximo potencial y alcanzar su mejor desempeño.
  2. Adherencia al tratamiento y rehabilitación: es de vital importancia que el deportista sea consciente de los tiempos estimados de recuperación y que se mantenga motivado para trabajar en el proceso de rehabilitación, que suele ser duro y muy frustrante, sobre todo en los estados iniciales.
  3.  Búsqueda de actividades alternativas: debe tenerse en cuenta que durante el periodo de recuperación se produce una gran pérdida de autonomía y con frecuencia el deportista “desaparece” de su ámbito normal de actuación. La intervención pasa por proporcionar actividades para que el deportista adquiera nuevas habilidades para las que no suele tener tiempo (por ejemplo táctica y estrategia) fomentando que se sienta integrado en la actividad deportiva que suele realizar.
  4. Preparación de la reaparición y prevención de recaídas: el momento clave para la superación de la lesión es la vuelta a la actividad y debe cuidarse especialmente no sólo los aspectos físicos sino también los psicológicos, para garantizar que el deportista esté recuperado y prevenir la posibilidad de una nueva lesión.

Obviamente cuando hablo de líneas generales me refiero al hecho de que la intervención debe ajustarse tanto al deportista en particular (personalidad, estrategias de afrontamiento…) como al contexto que lo rodea (equipo médico, entrenadores, familia, etc.), pues de ello depende en gran medida el éxito de la intervención psicológica que, si se hace correctamente, no sólo proporcionará una mejor recuperación de la lesión en curso sino que servirá como factor protector ante la incidencia de futuras lesiones.

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