Hijos desobedientes y rebeldes

HIJOS DESOBEDIENTES Y REBELDES

¿Estás desesperado por el comportamiento de tu hijo/a? ¿Has probado de todo para intentar corregirlo? ¿Sientes que puede más que tu y no sabes cómo imponerte ante su desobediencia?.

Primero de todo tenemos que tener en cuenta que los niños/as se encuentran en una fase de desarrollo donde se convierten en una esponja que está adquiriendo todo tipo de conocimientos, ejemplos y conductas que poco a poco irán desarrollando su personalidad, carácter, gustos, comportamientos, etc. Esto no significa que no podamos actuar sobre el/a niño/a una vez que llegue a una etapa de desarrollo más madura, y que el cómo queramos educar a nuestros hijos deba hacerse únicamente en la infancia, aunque sí es cierto que este periodo infantil es muy importante y servirá de base para el futuro, no debemos desesperarnos por no saber cómo tratar a un adolescente, ya que tanto los/as niños/as como los adultos vamos educándonos día a día y adaptándonos al medio de la forma más conveniente para nosotros.

Por esto no podemos aferrarnos a la idea de que el/la niño/a tiene un carácter difícil, es muy inquieto/a, no escucha, es difícil de manejar desde siempre, porque estas frases que nos decimos a nosotros mismos o que utilizamos con otros para describir a nuestro/a hijo/a, para lo único que sirven es para ponernos a nosotros mismos una barrera insalvable para dejar de actuar y no seguir intentando educar a nuestro/a hijo/a de la mejor manera posible.

De esta forma asumimos que nuestro/a hijo/a es así y ya cambiará, o si es así no se le puede hacer nada. Es cierto que cada niño/a es diferente y cada uno/a tiene su personalidad y a veces no depende tanto de la educación sino de su desarrollo personal, pero también es indudable que en el desarrollo de una persona no influye únicamente un factor sino una gran variedad de ellos, como pueden ser:

  • La educación recibida de los padres
  • El número de hermanos, la edad entre ellos y el rango que ocupe dentro de ellos (mediano, mayor o pequeño).
  • El nivel socioeconómico de la familia
  • Lugar donde haya vivido
  • Familia y amigos
  • El tipo de formación que recibe en el colegio…
  • Experiencias vividas.

Todos estos factores y alguno más influye en cómo se desarrolle una persona a lo largo de su vida, por ello los padres no podemos intervenir en todos ellos, incluso no debemos intentar controlarlo todo, ya que la mejor manera de aprender es en muchas ocasiones es probando y haciéndolo uno mismo.

Por esto, los padres somos los que al principio de la vida de nuestro/a hijo/a tenemos la mayor influencia sobre ellos/as, somos un modelo a seguir y los que debemos establecer las principales reglas de su comportamiento que en un futuro utilizaran para su desarrollo en la sociedad.

Para llevar a cabo este duro trabajo primero debemos tener en cuenta que toda conducta se mantiene o desaparece en función de las recompensas o castigos que se den después de ella. Y hay que tener en cuenta que los niños aprenden a hacer, sentir y pensar aquello que ven y oyen más que aquello que simplemente se les ordena, es decir, actúan más por las consecuencias buenas o malas de la conducta que porque se deba hacer bien o mal por cuestiones éticas, morales, reglas, etc.

Por eso algunos consejos que podemos seguir para ser más efectivos en la educación de nuestros/as hijos/as son los siguientes:

  1. Tener en cuenta que es lo que hace vuestro/a hijo/a: así conseguiremos determinar concretamente que es lo que nos gustaría cambiar. No se deben utilizar etiquetas generales para describir al niño/a basándonos en su comportamiento en situaciones concretas, ya que estas etiquetas son vagas y generales y hacen que generalicemos su comportamiento a todos los momentos y situaciones y nos impidan ver su buena conducta en otros momentos.
  2. Pensar en qué es lo que obtiene vuestro/a hijo/a cuando lleva a cabo conductas inadecuadas: los niños/as cuando hay alguna discusión son mucho más perseverantes que los padres y madres porque es su manera de intentar conseguir todo aquello que quieren. Por esto hay que pensar quien es el que gana en estas situaciones. Si el niño/a al final de toda la discusión, pataletas, gritos, etc. Consigue aquello que buscaba aprenderá que da igual el tiempo que necesite, ya que, al contrario que vosotros, no tiene mucho más que hacer, y no le importa alargar la discusión si al final sabe que obtendrá la recompensa. Por esto lo más “fácil” es ser tajantes desde el principio, y saber mantener el estatus de superioridad de los padres y madres.
  3. ¿Qué debemos hacer cuando nuestro hijo se porta mal?: Normalmente solemos acudir por costumbre a aplicar un castigo, ya que siempre nos han enseñado que cuando hacemos algo mal debemos ser castigados, pero existen dos clases diferentes de castigos. El CASTIGO NEGATIVO consiste en dar algo negativo al niño cuando ha hecho algo malo, por ejemplo encerrarlo en su cuarto, obligarlo a recoger sus cosas, etc. Con el CASTIGO POSITIVO lo que se lleva a cabo es quitar algo que al niño/a le gusta por haber hecho algo malo, como quitarle el móvil, la videoconsola, la tele, la atención que se le presta, etc. El castigo en cualquiera de sus formas lo que persigue es disminuir la conducta que no queremos que se repita, ya que así el niño/a asocia que realizando esas conductas lo único que obtendrá son cosas que no le gustan, pero si en algún momento obtiene lo que quiere esa relación tardará más en producirse o tendrá menos efecto.

Como he dicho el castigo es la técnica a la que más solemos recurrir, pero existe otra que tiene más efecto sobre todo en algunos niños/as, el motivo es que las personas solemos movernos más activamente y tener más motivación por cosas positivas que negativas, en esto se basa esta técnica. El REFUERZO POSITIVO consiste en dar algo bueno cuando se hace algo bueno, por ejemplo dar un dulce, dejar usar la videoconsola, salir con los amigos más tiempo, etc. Por otro lado está el REFUERZO NEGATIVO que consiste en eliminar algo malo, esto se puede utilizar sobre todo cuando hemos castigado a nuestro hijo/a y al final ha realizado la conducta que perseguíamos, así retiramos el castigo negativo que habíamos impuesto. Estos reforzamientos persiguen el aumento de la conducta.

Para ciertos niños, sobre todo aquellos a los que se les castiga demasiado, empezar a utilizar el reforzamiento es más eficaz porque al final lo que estos niños/as estaban persiguiendo era la atención de sus padres y madres aunque fueran por cosas negativas, ya que suelen sentir que únicamente llaman la atención por eso.

Por este motivo al empezar a fijarnos en las cosas positivas que hacen y reforzarlas en lugar de únicamente castigar, el niño/a se siente más motivado, animado y comprendido y empezará poco a poco a buscar la atención en cosas que para ambas partes (padres e hijos) son beneficiosas.

Todo esto es sólo un índice de multitud de actitudes que podemos tomar con nuestros hijos. No es nada fácil, porque siempre surge la duda de cómo debo comportarme para que sea lo mejor para mí hijo/a. Pero en el momento en que sintamos que el comportamiento llevado a cabo no se puede permitir más y no sabemos cómo poder cambiarlo, un especialista nos puede dar las herramientas básicas para cambiar esa conducta y en consecuencia la relación de frustración que tenemos con nuestros/as hijos/as. Hay que tener muy presente que no será un trabajo fácil y que debemos estar muy motivados para el cambio, para que nuestra actuación persista y nuestros/a hijos/as lo perciban.

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  1. tpawlc
    Sep 05, 2015 - 08:27 PM

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