Siento mis emociones, luego existo: Terapia breve

Controlar nuestras emociones no sería uno de los objetivos de la Terapia Breve. La Terapia consiste en gestionar las emociones, que es un enfoque con un matiz distinto. El control significa contención, encerrar las emociones para que no fluyan ni se expresen, es decir, reprimirlas con tu pensamiento. En cambio, la gestión emocional implica dejar fluir las emociones, todas sin excepción, y saber qué hacer con ellas. Al fin y al cabo somos seres irracionales y tenemos que aceptar que la ira, la rabia, la tristeza o el mal rollo forman parte de nuestra vida cotidiana. Encerrar con nuestra parte más racional nuestras emociones no es sano.

Hubo una corriente filosófica llamada estoicismo que así lo propuso. El nombre de esta corriente proviene de stoa, que significa pórtico. La Real Academia Española define pórtico de la siguiente forma: ” Sitio cubierto y con columnas que se construye delante de los templos u otros edificios suntuosos”. “Galería con arcadas o columnas a lo largo de un muro de fachada o de patio.”

¿Quieres ser un templo cubierto?

¿Quieres tener un muro emocional?

La salud mental no se trata de construir templos cubiertos, barreras inaccesibles emocionales. No se trata, de no sentir porque mi mente poderosa no deja filtrar las emociones. Primero, porque somos seres emocionales por naturaleza, animales, propiamente. Segundo, porque aunque consigamos ir en contra de nuestra propia naturaleza nuestro mundo sería vacío. ¿No crees?

La Terapia Breve consiste en identificar, asumir y gestionar las emociones, tanto las positivas como las negativas. Saber qué sentimos, aceptar lo qué sentimos y ponernos manos a la obra para que no nos hagan daño y hacer daño a las personas con las que nos relacionamos. Necesitamos la rabia y la ira para desprendernos del estrés, del sufrimiento; necesitamos la alegría y el placer, para ser felices y dar amor.

El problema es que queremos ignorar las emociones negativas, queremos borrarlas, aniquilarlas, destruirlas. Nos gustaría vivir solamente con las emociones positivas pero eso, es imposible. Ambas van unidas y se necesitan las unas de las otras. Por ejemplo, ¿Cómo sabemos qué sentimos alegría cuando nos hacen un regalo? ¿Cómo identificamos este sentimiento? Lo comparamos con la tristeza, básicamente. Elegir sentir, es la mejor opción y es una apuesta segura para el bienestar y la satisfacción.

Encarna Expósito, Psicóloga Adolescentes y Adultos. Terapia Breve. Colaboradora en APOL de la Fundación Eduard Punset

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