Root tree in garden.

La aceptación como filosofía de vida

En muchos casos consideramos la aceptación como una orientación psicológica, lo cúal es cierto pero también limitado, ya que en realidad  la podemos considerar como una filosofía de vida, una manera de entender cómo debemos relacionarnos con nosotros mismos y nuestro entorno.

 

La aceptación parte del siguiente supuesto; en muchas ocasiones la ansiedad, la depresión  viene motivadas por el control del pensamiento.

 

Llevamos a cabo ese control cada vez que tratamos de racionalizar lo que nos ocurre a nivel mental. Al realizar esto conseguimos, sin darnos cuenta, que convirtamos nuestro pensamiento en nuestro problema.

Si, por ejemplo, me viene a la cabeza el mensaje de “no valgo para nada”, “no merece la pena…” no quiere decir que seamos este pensamiento. Normalmente lo que hacemos es, o bien asumirlo y por lo tanto me lo creo y no hago nada, por lo que lo acabo confirmando; o por el contrario decido combatirlo, luchar contra él, quitármelo de en medio diciéndome,, “no te preocupes”, “ya verás cómo no te pasa nada”. Esta estrategia, a la larga, deja de tener efecto, pierde fuerza y dejamos de creérnoslo. Al principio estas “explicaciones” nos son suficientes; después no. Si vivo siempre tan pendiente de ello lo acabo convirtiendo en mi problema, y el conflicto no será tanto el mensaje de “no valgo para nada” si no la batalla y el esfuerzo que dedico a sacármelo de encima.

 

Afortunadamente la mente nos es muy útil para resolver los problemas de la realidad. Desgraciadamente lo es muy poco para solucionar los problemas que tienen lugar en ella misma.

 

Una estrategia por la que podríamos ir comenzando es la de desliteralizar el mensaje. Pongamos un ejemplo; “estoy ansioso, se acabará notando y haré el ridículo” podríamos sustituirlo por “en estos momentos estoy teniendo el pensamiento de que estoy ansioso y que voy a hacer el ridículo”. Obviamente nuestros problemas no se van a solucionar con esto, pero sí que nos va a ayudar, sobre todo al principio, a darnos cuenta de que no soy lo que pienso y a poner distancia con ello…Descartes estaba equivocado 😉

 

Una vez mejorado este punto toca trabajar los valores. Debemos considerar que es lo más importante en nuestra vida y ver que satisfacción presento en este momento respecto a ese valor. Si el nivel de importancia que le doy es mucho más alto que el de la satisfacción quiere decir que tenemos un problema. Debemos cambiar ese aspecto de nuestra vida; pero no sustituyéndolo por otro si no cambiando la manera de convivir con él.

 

Una manera de comenzar a realizar este cambio es con el diálogo socrático. Gracias a él conseguiré darme cuenta de por qué ese valor es tan importante para mí, que objetivos pretendo alcanzar, que estoy haciendo, que barreras personales y/o sociales me estoy encontrando y pese a ello que estrategias propias puedo poner en juego para resolverlas y alcanzar mis objetivos.

 

Para motivar en el cambio podemos jugar con metáforas. Algunas de ellas son la de la semilla que hay que plantar en un día lluvioso y frío, el gps que nos manda en otra dirección pero por no escucharle decir que cambiemos de ruta seguimos en sentido erróneo, o el tablero del ajedrez donde demostramos que no tenemos porqué ser ni las piezas blancas ni las piezas negras si no el propio tablero.

Con estas metáforas nos ponemos en una situación paradójica, por una parte nos parece un juego pero por otra explican cómo funciona nuestra mente. Esto es importante para ayudar a poner distancia con esos “eventos mentales” que tanto nos molestan.

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