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Enfréntate a tus miedos. Actúa contra la agorafobia

La agorafobia se puede definir como un miedo intenso y exagerado a situaciones  que impliquen estar en lugares públicos o fuera de casa y las cuales suponen un aumento considerable de los niveles de ansiedad de quien la padecen. Estos niveles de ansiedad pueden llegar a ser tan elevados que incluso en aquellos casos más graves la persona agorafóbica llega a quedarse recluida en su casa. Estaría clasificada dentro de los trastornos de ansiedad.

Las personas agorafóbicas  permanecen largos periodos de tiempo en sus casas con el objetivo de evitar la ansiedad que les produce el hecho de salir a la calle o a algún lugar público o concurrido de gente.

Su principal miedo es sufrir una crisis de ansiedad en público, lo cual supone un agravante a la, ya de por sí molesta, crisis de ansiedad. Entre los síntomas que presta una persona con agorafobia, están los comunes a cualquier crisis de ansiedad, entre los que destacan: sudoración, mareos, dificultades para respirar, sensación de ahogo, molestias en el estómago, nauseas, etc. unidos al miedo a estar en sitios públicos o rodeados de gente.

Se desconoce el origen exacto de esta alteración, posiblemente se deba a alguna experiencia ansiosa en algún lugar público en el que la persona lo ha pasado realmente mal y se ha sentido muy incómoda y angustiada y ha “aprendido”, a partir de esa mala experiencia, a  evitar  situaciones en contextos similares para que no se repita la crisis de ansiedad. La persona asocia erróneamente el hecho de evitar sitios concurridos con un aumento de su bienestar.

Una vez se ha instaurado este “aprendizaje” erróneo, la persona se suele quedar la mayor parte del tiempo en su casa, la cual considera su “lugar seguro”, donde todo está bajo control y no hay peligro de que le dé una crisis de ansiedad.  Las personas agorafóbicas normalmente se sienten bien en su casa ya que es muy poco probable que allí se sientan ansiosas.

El problema surge cuando la persona debe abandonar su hogar. Nos guste o no, dependemos del mundo exterior, para ir a trabajar, para comprar alimentos o enseres de primera necesidad, realizar gestiones, etc. Para estas personas es difícil salir a la calle para realizar algo tan básico como, por ejemplo, ir a comprar el pan, y eso las limita en su día a día.

No obstante, es cierto que hoy en día, con las nuevas tecnologías e internet, se pueden hacer muchas tareas y gestiones desde casa. Esto permite a los agorafobicos realizar su día a día sin alejarse de su “lugar seguro”, pero a su vez esto los aísla todavía más del mundo y de la sociedad y los hace más vulnerables a su problema.

Además, la agorafobia acaba afectando a todas las áreas de la vida de la persona. Por ejemplo, a nivel social se pierden amigos y la persona cada vez está más sola y a nivel laboral se puede llegar incluso a perder el empleo.

Es por ello que es importante solucionar el problema de inmediato ya que cuanto más se refuerce el “aprendizaje” de que en “el exterior me siento mal y en casa me siento seguro” más difícil será la recuperación.

La terapia psicológica se ha mostrado útil en estos casos, especialmente la terapia cognitivo-conductual, ya que ayuda a la persona a afrontar sus miedos de forma exitosa y a reducir los niveles de ansiedad.

 

Si crees que puedes estar sufriendo agorafobia o conoces a alguien en una situación similar, no dudes en pedir ayuda. La psicología puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los agorafóbicos.

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