ANGRY

APRENDER A CONTROLAR LA IRA

Si usted se siente con rabia, se irrita por cosas insignificantes, tiene inquietud, tensión y esto le pasa más de lo que debería, es posible que tenga un problema con la ira.

Según la Real Academia Española (RAE), la ira, también conocida como cólera, se define como la “pasión del alma que causa indignación y enojo”, “apetito o deseo de venganza”. Al fin y al cabo la ira no es más que una emoción que en su justa medida no tiene por qué ser perjudicial, pero que si la sentimos más de lo habitual o más intensamente de lo que deberíamos, nos puede generar cierto malestar.

La ira nos afecta en diferentes aspectos: Cuando nos enfadamos tenemos unos pensamientos típicos dirigidos a la otra persona o al mundo en general, como por ejemplo: “Ya lo has vuelto a estropear”, “Me has tomado el pelo”, “No puedo confiar en nadie”, “Nunca estás cuando te necesito”, etc. Los estilos negativos de pensamiento suelen estar en la base de estos argumentos.

Cuando sentimos ira hacia alguien o algo también mostramos unos comportamientos típicos como gritar, discutir, mostrarnos sarcásticos o crueles, amenazando, marchando sin dar explicaciones y/o dando un portazo, o a lo mejor poniéndonos de morros. Todo ello tendrá como consecuencia que empecemos a experimentar sensaciones molestas en nuestro cuerpo tales como: taquicardia, tensión muscular, acaloramiento o sudoración entre otros.

Y a continuación pueden aparecer algunos problemas cognitivos como dificultades de concentración, quedarnos con la mente en blanco, tendremos la sensación de que todo lo que nos ocurre son problemas terribles o pensaremos lo peor de los demás.

Por lo tanto, una buena forma de empezar a controlar nuestra ira sería seguir los siguientes pasos:

  • Detectar nuestros comportamientos agresivos para convertirlos en pensamientos más equilibrados. Para ello nos ayudará evaluar nuestra forma de pensar y cuestionarnos aquello que no nos aporte nada positivo.
  • Buscar otros comportamientos alternativos que puedan sustituir a nuestros comportamientos agresivos actuales.
  • Llevar a la práctica esos comportamientos alternativos. Es posible que al principio nos cueste un poco, pero con la práctica cada vez lo haremos mejor.

En conclusión la ira viene dada por cómo interpretamos las cosas que nos pasan o cómo interpretamos los comportamientos de los demás. Por lo tanto, una persona que tenga dificultades para controlar su ira y acabe discutiendo cada vez que tiene algún problema, es posible que no haya aprendido a controlar la ira y a expresar sus sentimientos de una manera más constructiva.

Y como suele decirse que prevenir es mejor que curar, me gustaría terminar este artículo con 3 buenas razones que R. Gaja comenta en su libro “Bienestar, autoestima y felicidad”, para evitar un estado de ira o cólera:

 3 BUENAS RAZONES PARA NO ENTRAR EN UN ESTADO DE CÓLERA (R. Gaja)

  1. Si aceptamos que no son los acontecimientos los que nos provocan el sentimiento de enfado sino la interpretación que hacemos de ellos, tendremos el control sobre nuestro enfado porque podremos decidir qué interpretación hacemos sobre lo que nos ocurre.
  2. Mantener la cabeza fría nos permite buscar vías de solución a aquellas circunstancias que nos molestan y podrían desencadenar nuestro enfado.
  3. Cuando nos liberamos de la ira nos quitamos un gran peso de encima y el exterior deja de ejercer influencia sobre nuestros sentimientos negativos.

 

 

 

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