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Antidepresivos en el tratamiento de la depresión

En el diario de Mallorca del 25 de mayo podemos leer una noticia que relata que se enjuició a un hombre por no presentarse a la mesa electoral de las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 en calidad de presidente. La Fiscalía solicitó el 16 de abril una condena de multa de 4.380 euros. Este hombre achacó su olvido a que estaba afectado por la fuerte medicación que tomaba contra la depresión. Este alegato puede parecer una excusa “barata”, aunque lo cierto es que los efectos secundarios del tratamiento farmacológico contra la depresión son una realidad para una gran multitud de la población. En este artículo se van a repasar los principales efectos secundarios de algunos de estos antidepresivos.

“La era moderna de los tratamientos antidepresivos se inicia en 1957 con la observación de Loomer de un efecto antidepresivo en un fármaco originalmente antituberculoso, la iproniacida” (Pérez y García, 2001).

Hay diversos tipos de tratamientos farmacológicos para la depresión, y ninguno de ellos está exento en mayor o menor medida de efectos secundarios:

Antidepresivos tricíclicos:   Los efectos adversos pueden ser efectos anticolinérgicos (sequedad bucal, estreñimiento, retención urinaria, visión borrosa, taquicardia, confusión y déficit cognitivo), efectos cardiovasculares (hipotensión ortostática, arritmias, hipertensión, insifuciencia cardíaca…), aumento de peso, efectos neurológicos (temblor, crisis convulsivas, retardos en las funciones cognitivas…), sedación y otros efectos menos comunes.

Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina. Dentro de los efectos colaterales comunes destacan náuseas, cefalea tensional, temblores, movimientos peristálticos, ansiedad, en ocasiones sedación, insomnio, tensión muscular, inquietud, erupciones cutáneas, sudoración y taquicardias; falta de motivación, pasividad, letargia y aplanamiento afectivo.

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Existen muchos más antidepresivos, aunque ninguno está exento de molestos efectos secundarios. Todos ellos, además, pueden provocar una dependencia del fármaco muy difícil de erradicar. Cabe decir también, a favor de este tipo de psicofármacos, que en depresiones severas debe iniciarse un tratamiento farmacológico combinándolo con un tratamiento psicológico para potenciar este último.

Desde la perspectiva cognitivo-conductual ofrecemos terapia psicológica científicamente validada para tratar posibles trastornos depresivos, no solo a personas adultas, sino también a niños. La terapia psicológica tiene la principal ventaja de no producir efectos secundarios fisiológicos nocivos. Los psicólogos y las psicólogas, realizamos una evaluación exhaustiva para determinar el enfoque de la intervención, con herramientas debidamente validadas y científicamente probadas. Una vez establecida la gravedad del estado depresivo de la persona,  sólo se utilizan tratamientos probados en estudios controlados que han demostrado su validez y fiabilidad. Después, se realiza un seguimiento para evitar recaídas y se recuerdan los aspectos claves para que no se origine otra vez la problemática.

Estas pautas son indispensables para una pronta recuperación de la persona que sufre  este estado. El vínculo que se establece con el o la terapeuta es muy intenso y en algunos casos genera una dependencia. Para ello, debemos espaciar las últimas sesiones de la intervención, para habituar a la persona a vivir sin la ayuda constante del o de la terapeuta.

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