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Llega la Navidad, pero no estamos todos

Llega la navidad pero no estamos todos. http://www.espaipsicosalut.netLlega la Navidad, pero no estamos todos. Esta es la sensación que experimentan al acercarse estas fechas muchas familias que han perdido a un ser querido. Las primeras Navidades tras el fallecimiento suelen ser las más difíciles, porque la familia es el eje entorno al cual gira esta celebración. Para el manejo de estos momentos es clave aceptar que no hay una forma mejor que otra de llevarlo. Cada familia encuentra la suya como parte del proceso de adaptación. Este articulo pretende ser de ayuda para las familias que afrontan las Navidades con el dolor del fallecimiento de un ser querido.

En estos casos puede existir un sentimiento de vacío, o una sensación de que lo que se està viviendo no es real. Algunas familias lo experimentan con culpabilidad (¿Cómo podemos estar celebrando nada si no estamos todos?). Otras lo viven con mucha tristeza al recuperar rituales propios de las fechas en los que ésta persona tenia un papel relevante.

Incluso hay ocasiones en las que la familia prefiere hacer vida normal, sin ninguna celebración. Todo depende de si se desea recordar al familiar que falleció -aunque resulte doloroso- o si, por contra, se prefiere pasar página y seguir adelante, lo cual no tiene porque significar que sus familiares quieren olvidarse de él. Las persones pueden querer dejar un recuerdo al lado si creen que necesitan hacerlo para llevar una vida normal.

Este año, por Navidad, vamos a poner un plato y cubiertos en el sitio donde se sentaba mi marido, junto con una vela. Nos ayudará a recordar que, en cierto modo, sigue entre nosotros“, me comentó una paciente hace unos años. Yo le respondí que era cierto, que las personas no desaparecen cuando mueren, sino que siguen presentes mientras haya quien las recuerde. Incluso podemos cerrar los ojos y verlas.

En cualquier caso la vivencia de estas fechas cuando un familiar ha fallecido choca con la tendencia actual de acelerar el proceso del duelo. Un día y medio de velatorio, decidir rápidamente las flores, el féretro, el recordatorio y la ceremonia. Algunas personas que han vivido esta situación me han dicho “El peor momento es cuando acaba la ceremonia en el cementerio, que ves como toda la gente se va, y tu te quedas allí sintiéndote tan sola“. En parte esto es por la rapidez con la que se ha hecho todo.

Se quiere que todo lo relacionado con el funeral y con la recuperación de la normalidad sea lo más rápido possible, y se decide con demasiada facilidad “medicalizar” el duelo. La consecuencia de esto es que algunas facetas del recuerdo de la persona que ha muerto pueden quedar mal cerradas, y reabrirse de forma imprevista en fechas como la Navidad.

Si esto ocurre, la recomendación pasa por permitirse (a uno mismo) revivir estas emociones. Es muy probable que duelan, porque cuesta aceptar que la muerte es irreversible, pero experimentarlas es parte del proceso de adaptación a la nueva realidad: la vida en que una persona especial ya no está. Es normal sentir el impulso de hacerse el fuerte, sobre todo ante recomendaciones como “no dejes que los ninos te vean llorar“, pero esto solo hace aumentar el sufrimiento. Darse permiso a uno mismo para estar triste cuando el cuerpo lo pide, facilita el manejo del duelo.

Para superar estos momentos, existen grupos de apoyo, con o sin profesional al cargo, que pueden resultar muy útiles para compartir experiencias y comprobar que son muchas las personas que se encuentran en una situación parecida. Evidentemente los especialistas siempre estamos dispuestos a ayudar si es necesario.

En los encuentros navideños con la familia extensa (hermanos, primos, etc) estas fechas pueden hacerse un poco más llevaderas, porque todo el mundo se siente más arropado. También pueden ser una oportunidad para recordar conjuntamente a la persona que falleció, y para limar possibles asperezas que puedan permanecer.

¿Y los ninos? Los ninos suelen ser muy espontáneos en sus preguntas, y es normal que las hagan, no solo en Navidad sino durante todo el año. Lo mejor es permitírselas, contestarlas con sinceridad y decirles que si tienen más preguntas pueden hacerlas, que siempre estaremos a su lado para respondérselas, aunque también deben saber que algunas preguntas no tienen respuesta.

En resumen, la Navidad puede traer recuerdos de los familiares que han fallecido, sobre todo si lo han hecho recientemente y, aunque se vivan estas fechas con dolor, son una oportunidad más para recolocar el recuerdo de esta persona y avanzar en el proceso de duelo: la normalización de la vida sin él o ella físicamente entre nosotros. La experiencia también demuestra que con el tiempo el recuerdo se normaliza, y las celebraciones pueden volver a vivirse con felicidad, manteniendo el recuerdo de la persona querida.

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