mascara

Y tú ¿llevas máscara? ¿Te dejas llevar por las apariencias?

Llega el Carnaval, una época en la que algunos deciden disfrazarse, adoptar una nueva personalidad y apariencia a través de una máscara. Jugamos a ser alguien o algo que en otro momento no podemos ser. Y todo con el fin de divertirnos.

El Carnaval tradicionalmente, es una época de descontrol, de transgresión, de romper las reglas. Y para permitírnoslo, usamos el disfraz. Disfrazarnos, jugar a ser otro, nos ayuda a poder dar rienda suelta a nuestros deseos sin perder la aceptación de la sociedad.

Pero ¿sólo en Carnaval nos disfrazamos? ¿Alguna vez utilizamos disfraces o máscaras? La respuesta es clara para todos. Seguro que nos hemos identificado con la idea de que en algunas ocasiones hemos tenido que fingir ser de determinada manera por diferentes motivos: miedo, vergüenza, etc.

El concepto de la Máscara se ha utilizado en la psicología para definir la conducta adaptada al ambiente cuando existe un conflicto entre lo que somos y lo que creemos que los demás quieren que seamos.

Las máscaras nos sirven de escudo protector en la vida social. Las usamos por diferentes razones.

Una de ellas sería la necesidad de proteger nuestra intimidad del mundo externo. Podemos vivir nuestro alrededor como algo que nos puede herir, o pensamos que mostrarnos tal y como somos nos puede hacer más vulnerables ante la sociedad.

Otra razón sería evitar el rechazo e integrarse socialmente. Se busca aparentar una personalidad que sea aceptada y valorada por los demás. Uno puede pensar que actuando de manera auténtica puede ser evaluado y rechazado. Con las máscaras se pretende evitar esto a toda costa, a pesar del riesgo de caer en la falsedad.

La máscara tiene un carácter adaptativo. Es frecuente que a lo largo del día tengamos que representar diferentes roles en función de quien tenemos delante. Es decir, no nos expresaremos igual si tenemos delante a nuestros hijos que a nuestro jefe. Y es que somos personas que tenemos múltiples papeles en nuestra vida: padre, hijo, amigo, empleado, pareja, etc.

El riesgo de la máscara es el ir más allá. El pretender disfrazar tanto nuestra personalidad, nos puede hacer caer en la falta de autenticidad. Es posible que nos sintamos tan presionados a fingir ser otra persona para sentirnos adaptados al mundo externo, que acabemos frustrados por no poder desarrollar o expresar nuestros deseos u opiniones. Cuando priorizamos el causar una buena impresión a exponer nuestro punto de vista sincero, nos encontramos ante un uso enfermizo de la máscara. La máscara nos atrapa y nos resta individualidad. Nos hace ser rígidos, porque nos obliga  a mantener ser alguien que no somos, simplemente porque un día decidimos (o nos hicieron decidir) que así debíamos de mostrarnos, actuar o pensar.

manzanas

Un uso de la máscara inadecuado puede estar desenmascarando dificultades para establecer vínculos afectivos con los demás. Es por ello, que es necesario poder observarse a uno mismo e intentar reconocer si aquello que se muestra es lo que  se es y lo que se desea. Si nos damos cuenta que en ocasiones nos cuesta interaccionar con los demás, si sentimos que debemos aparentar seguridad, si nos dejamos llevar por lo que los demás aprueban, puede que estemos enmascarando nuestra genuina personalidad.

Eso no es malo, repito, en determinadas situaciones. Pero cuando esta máscara es utilizada en todo momento, se nos puede convertir en un funcionamiento que nos aleja de nuestros deseos y nos genera frustración o ansiedad por no poder cumplir las expectativas de los demás.

Así que os invito a hacerse amigo de nuestra máscara e invitarla a largarse en algún momento, para que nos pueda dejar ser. Porque no todos los días son Carnaval.

Noticias Relacionadas

Comments are closed

info@especialistasmagazine.com