Tolerancia

Tolerar

Amigo lector / Amiga lectora, me tomo la licencia de tutearte. El motivo es creer que con ello pareceré más próxima y tendré más posibilidades de conseguir lo que me he propuesto: dar inicio, sin buscar la conformidad en las conclusiones, a algo nuevo en tu mente.

Cuando lees “TOLERAR” ¿cuáles son las tres primeras palabras que vienen a tu mente?

Esas 3 palabras, para ti, ¿tienen connotación positiva o negativa?

La primera vez que me invitaron a hacer esta reflexión, las palabras que me vinieron a la mente fueron: aceptar, comprender y ser paciente.

Todas ellas, de sentido positivo para mí, me daban a entender que TOLERAR era algo bueno, constructivo.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua ©, en su vigésima segunda edición, define “tolerar” como:

1. Sufrir, llevar con paciencia.
2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

¿Qué sentido le asignas a estos significados? ¿Positivo?

Corría el año 1994 cuando empecé a trabajar en un proyecto de alcance nacional que requería de la participación en reuniones maratonianas. En ese momento, fumar no estaba prohibido en el lugar de trabajo.

¿Te imaginas más de 8 horas prácticamente seguidas, en una habitación interior con una mínima ventilación, 10 personas de media y más de la mitad fumando sin parar?

Mi intransigencia hacia el tabaco procede de mucho antes (de cuando era una niña muy niña y mi padre me decía, con un cigarrillo en la mano, “el día que te pille fumando, te cuelgo del palo más alto”), pero creo que fue entonces cuando el depósito de tolerarlo con “cierta cortesía” empezó a vaciarse.

Mientras se vaciaba, mi mente aprendía a radicalizar, de manera automática e inconsciente, la asignación de la etiqueta del descrédito y la desconfianza a todas las personas que fumaban en esas reuniones.

El mismo descrédito que, a pesar de mi tierna edad y de manera inconsciente, concedía a mi padre cuando, con un cigarro en la mano, me advertía de no fumar.

Con el paso del tiempo (y el tiempo pasa rápido), fui rechazando, de manera inconscientemente obsesionada y no siempre con las mejores maneras, a proveedores, clientes, candidatos/as, compañeros/as, etc., simplemente por el hecho de oler a tabaco, haberlos visto con un cigarrillo en la mano o tener los dedos amarillentos. Automáticamente sus competencias técnicas y habilidades personales quedaban anuladas por mi intolerancia no debidamente gestionada.

Hasta que un día descubrí, en un encuentro fortuito fuera del trabajo, que una persona que contaba con mi máxima confianza y a la cual reconocía excelentes competencias técnicas y habilidades personales, fumaba.

¿Cuántas oportunidades habré dejado escapar por no haber sabido gestionar antes mi intransigencia para con el tabaco?

Detrás de cada “intolerancia” no gestionada, está el riesgo de ser injustos e incorrectos en las situaciones más inoportunas. Pero no solo eso. Al limitar nuestra voluntad de comprender personas y situaciones, limitamos nuestro proceso de desarrollo personal, madurez y aprendizaje.

Saber el origen de lo que no toleramos, nos puede ayudar, no solo a ser más eficientes en nuestra gestión, sino a comprender lo que no toleran las personas que forman parte de nuestra vida profesional o social, mejorando nuestra comunicación con ellas, así como, la resolución de posibles discrepancias

Autor: Yolanda Tarango

Noticias Relacionadas

Comments are closed

info@especialistasmagazine.com