rafael alcaraz psicologo

Rafael Alcaraz psicólogo

Rafael Alcaraz psicólogo,  licenciado en la Universidad de Valencia,  además de Máster en Psicología Clínica y Jurídica 

¿Por qué elegiste dedicarte a la psicología?
Por una mezcla de interés científico y orientación hacia las personas. Considero que, al menos en las áreas aplicadas, nuestra profesión es muy vocacional y existe en aquellos que la ejercemos una motivación verdadera para ayudar a los demás y hacer que sus vidas sean más plenas.

¿Qué te ha aportado tu profesión?
Mucho conocimiento sobre el comportamiento humano y sus relaciones, y experiencias muy gratificantes derivadas del trabajo con mis clientes.

 ¿Qué es lo que más te gusta de ella?
La posibilidad de conseguir cambios importantes en periodos de tiempo relativamente cortos, a veces nos encontramos con problemas que los clientes llevan soportando toda su vida y se consigue resolverlos en un plazo de tres o cuatro meses.

 ¿Qué casos recuerdas especialmente?
En realidad recuerdo todos mis casos, pues en todos existe un aprendizaje y desarrollo, no sólo del cliente, sino también propio.

 ¿Algún o algunos pacientes a los que hayas ayudado de los que te sientas más orgulloso?
Siempre que consigo que mis clientes cumplan con los objetivos que se han propuesto en la primera consulta considero que he llevado a cabo mi función, pero quizá estoy especialmente orgulloso cuando trato con adolescentes, por las implicaciones futuras que puede tener para sus vidas conseguir o no estos objetivos.

¿En qué crees que debería mejorar la profesión?
En dos aspectos fundamentalmente, el primero es su definición y separación como disciplina científica; creo que hemos cometido el error de intentar abarcar demasiados campos de trabajo (RRHH, escolar-educativo, clínico-terapéutico, judicial, Deporte, etc.) generando confusión a los usuarios finales, que no conocen la diferencia real entre la nuestra y otras profesiones. Se debería hacer más en este sentido aclarando que lo que cambia es la forma de aplicar los conocimientos y no tanto el conocimiento en sí.
En segundo lugar, considero que existe una necesidad de mejorar la imagen pública del Psicólogo en los medios, pues con frecuencia los “representantes” que aparecen en revistas y tv no proporcionan precisamente una buena imagen de la profesión.

 ¿Por qué recomendarías a la gente visitar a un psicólogo?
Fundamentalmente cuando tienen problemas de índole personal o relacional que no logran resolver por sí mismos, o quieren desarrollar aspectos de su personalidad y mejorar sus capacidades y habilidades psicológicas.

¿Cuál es tu especialidad?
La Psicoterapia y la Psicología Jurídica han sido durante mucho tiempo mis campos de especialización, pero en los últimos años me he especializado también en Psicología del Deporte y la Actividad Física. Como comentaba antes, no es tanto la adquisición de nuevos conocimientos como aprender cómo aplicarlos a otra área.

¿Qué características tiene y a quien trata?
La Psicología del Deporte es un enfoque muy aplicado, que se dirige fundamentalmente a deportistas y a aquellos que trabajan con ellos (entrenadores, clubes, etc.) El enfoque de trabajo va desde la solución de problemas hasta el desarrollo de capacidades y habilidades psicológicas con el fin de alcanzar el rendimiento óptimo, o una mayor satisfacción con la práctica deportiva.
Comentar también que este enfoque del alto rendimiento funciona muy bien con músicos profesionales, pues las situaciones de ejecución (competición/actuación) comparten muchas características es ambas profesiones.

 ¿Quiénes han sido tus referentes profesionales?
Mis principales referencias son los miembros de la llamada escuela MRI de Palo Alto (Watzlawick, Nardone, etc.) y Steve De Shazer, creador de la Terapia Breve centrada en Soluciones, otro enfoque con el que trabajo mucho. En España, Enrique Cantón, una de las principales figuras de la Psicología del Deporte.

 ¿Hay alguna práctica que se haga habitualmente y que crees que es errónea?
No lo considero una mala práctica como tal, pero creo que los psicólogos debemos ser especialistas en aquello que tratamos, y si consideramos que no tenemos la competencia necesaria derivar el caso a otros psicólogos que tengan mayor experiencia. Es cierto que existe mucho intrusismo en nuestra profesión, pero no por ello debemos aceptar cualquier caso que nos entre por la puerta, debemos ser conscientes tanto de nuestras capacidades como de nuestras limitaciones.

 ¿Qué le recomendarías a la gente para ser feliz?
Ser coherente entre lo que se piensa, lo que se siente y lo que se hace. Si lo que estamos intentando no está funcionando, cambiar, buscar nuevas soluciones. Considero que más que una felicidad global, existen momentos de felicidad o infelicidad, y de lo que se trata es de conseguir que los primeros sean mucho más frecuentes que los segundos.

¿Qué deberíamos tener en cuenta para elegir a un buen Psicólogo?
Que tenga una buena formación y experiencia en el área a trabajar, existen acreditaciones profesionales que intentan garantizar esto, pero desde mi punto de vista hay dos factores importantes: que exista una buena química Psicólogo- Cliente y que se acuerden los objetivos a trabajar, de manera que ambos sepan de forma objetiva cuando se han alcanzado.
Como en cualquier otro servicio que contratamos, si no se está satisfecho no hay razón para no cambiar, con frecuencia el mejor psicólogo para un cliente determinado es aquel que es capaz de ponerse en su lugar, entender el mundo desde el punto de vista de su cliente, e implementar las técnicas, herramientas y soluciones necesarias para lograr el cambio hacia lo que el cliente desea conseguir.

 ¿Cuándo recomiendas que se te visite?
En el caso de los deportistas y su entorno, en estas dos situaciones:
Cuando existe algún tipo de problema que limita el rendimiento o la satisfacción con el deporte practicado.
Cuando se quieren mejorar aspectos psicológicos para obtener un mayor rendimiento, particularmente en entornos de competición o profesionalización.

 ¿Algo de la conducta humana que te fascine?
La paradoja entre su tendencia a mantener lo que ya es y su adaptabilidad al cambio. Es interesante comprobar como de forma natural las personas nos resistimos al cambio y a mantenernos en nuestra “zona de confort”, en contraste con lo satisfactorio que suele ser probar cosas nuevas y encontrar nuevas soluciones. Cuando conseguimos vencer ese miedo inicial, el resultado suele ser muy satisfactorio, el 99% de las veces compensa el esfuerzo realizado.

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