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Qué causa la depresión

Los trastornos depresivos son muy frecuentes y, en consecuencia, muchas personas conocemos o hemos conocido casos a nuestro alrededor. Sin embargo, a menudo no entendemos cómo un familiar, amigo, vecino o compañero ha llegado a esta situación. Incluso, nos puede parecer que sus circunstancias vitales actuales no lo justifican. Por lo tanto, resulta interesante reflexionar sobre este tema para entenderlo mejor.

  En realidad, el presente juega un papel importante en la depresión pero muy insuficiente en gran parte de los casos. De hecho, se han llegado a vincular los episodios depresivos con un “exceso de pasado”. Vamos a ver qué puede significar realmente esta expresión.

    FACTORES “DISTANTES”

  Es difícil entender cómo se llega a padecer un trastorno depresivo en muchos casos si no tenemos en cuenta los factores precedentes aparentemente alejados del presente. Por una parte, encontramos los ANTECEDENTES FAMILIARES Y LA BIOLOGÍA del individuo. Es decir, una persona puede ser más proclive a sufrir depresión, sin que eso sea determinante, porque su herencia familiar y constitución biológica lo hacen más probable. Por otra parte, nos tenemos que fijar en los ANTECEDENTES MÉDICOS (las enfermedades físicas son experiencias vitales muy influyentes) y, especialmente, PSICOLÓGICOS. Éstos últimos nos indican que la persona afectada ya ha tenido problemas anteriormente y pueden ser de varios tipos: personalidad (como, por ejemplo, desconfianza, impulsividad, inestabilidad, tendencias antisociales, excesiva dependencia de los demás, rasgos obsesivos, dificultades en las relaciones sociales…), trastornos de ansiedad, adicciones o consumo problemático de tóxicos, trastornos alimentarios… y así un largo etcétera.

En otro sentido, el pasado puede ser decisivo en un gran número de casos de depresión. Este aspecto lo podríamos denominar genéricamente PROBLEMAS NO RESUELTOS, es decir, situaciones inconclusas que a veces se van acumulando a lo largo de la vida de una persona. Especialmente relevantes son los traumas, como por ejemplo haber padecido abuso infantil, pobreza y/o una catástrofe. No obstante, sin llegar a este nivel de gravedad, existen experiencias pasadas profundamente negativas que pueden haber dejado “huella” en la persona. Un ejemplo es haber sufrido rechazado escolar, social y/o familiar pero podemos hablar de muchos otros posibles y no necesariamente infantiles. En cualquier caso, todos estos acontecimientos suelen influir en lo que creemos, las decisiones vitales que hemos tomado y, además, suelen derivar en emociones relacionadas que no hemos conseguido “digerir”. Tristeza, dolor, rabia reprimida, culpa, vergüenza… cuyo contacto hemos evitado o disociado para continuar adelante. Un tipo especialmente importante de acontecimientos negativos son las pérdidas previas de la vida, que pueden ser relativas a la muerte de seres queridos o de diferente naturaleza (proyectos académicos o laborales fracasados, rupturas de pareja…).

  Relacionado con todo lo que hemos descrito, una gran influencia en la depresión son los ESQUEMAS O MANERAS DE PENSAR, fruto de las experiencias en la vida y el aprendizaje familiar, y que pueden tratar sobre cómo nos vemos a nosotros y a los demás en las relaciones personales, nuestro sentido de competencia o valores de exigencia o moralidad, entre otros ejemplos.

  FACTORES PRÓXIMOS Y DESENCADENANTES

  Son la parte visible y más clara (aunque no siempre lo es tanto) del episodio depresivo. Tienen que ver con AQUELLO QUE HA SUCEDIDO RELEVANTE EN EL PRESENTE O PASADO PRÓXIMO EN EL TIEMPO y que ha afectado a la persona que padece el trastorno depresivo actual. Habitualmente, se trata de sucesos negativos en una o más áreas de la vida (familia, pareja, amigos, estudios/formación, trabajo, economía, legalidad, salud, sexualidad…), aunque pueden ser simples cambios vitales que requieren adaptación. Lo que suelen tener en común es haber implicado daño o consecuencias negativas para el individuo, una pérdida de refuerzos o cosas positivas y/o una sensación de falta de control e indefensión ante lo que estaba sucediendo.

  En este grupo de factores próximos, destacan especialmente las pérdidas (muerte de seres queridos, divorcio o separación, pérdida del trabajo… y cómo se relaciona la pérdida actual con otras previas), los fracasos en las metas (y la reducción de la sensación de significado vital de nuestra vida con que se asocian) y los acontecimientos que implican una reducción de la autoestima y la identidad (por ejemplo, una persona que ha cuidado a otros durante su vida y ahora, al enfermar, tiene que ser cuidada).

  En todos los casos, es esencial establecer CUÁLES SON LOS VÍNCULOS ENTRE LO ACTUAL Y LO QUE LA PERSONA APORTA COMO FACTORES “DISTANTES”. Es probable que la importancia de los factores próximos se fundamente en “vulnerabilidades” previas.

  FACTORES DE MANTENIMIENTO

  Una vez se pone en marcha el episodio depresivo, sus síntomas tienden a que se mantenga: centrarse en lo negativo, aislarse socialmente, reducir la actividad cotidiana, carecer de iniciativa, obtener posibles beneficios secundarios… La PROPIA DINÁMICA DE LA DEPRESIÓN facilita que se perpetúe el trastorno, incluyendo el funcionamiento cerebral en una persona deprimida.

  Por otra parte, cómo actúa EL ENTORNO del paciente puede ser determinante. Ello incluye diversos aspectos posibles: refuerzo de las conductas depresivas, incomprensión, rechazo, reacciones a los síntomas o problemas que van surgiendo… En muchos casos, la actuación de las personas del entorno se relaciona con el vínculo e, incluso, con conflictos previos.

  Finalmente, no conviene olvidar cuáles son las SOLUCIONES APLICADAS con el objetivo de resolver el episodio depresivo, tanto personales, del entorno y, especialmente, profesionales. ¿Son soluciones eficaces?

MIQUEL IZQUIERDO

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