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Psicofármacos: Errores y Prejuicios

  La cuestión de la medicación en el área de Salud Mental suele ser polémica por diversas razones. En realidad, se trata de un tema complejo y, por lo tanto, el propósito de este artículo no es abordarlo exhaustivamente sino hacer énfasis en algunos puntos relacionados especialmente importantes.

  Vamos a mencionar aquellos errores más habituales en las personas que toman medicamentos prescritos a causa de problemas de tipo psíquico:

  • “Mi trastorno es de origen biológico (o psicológico) y sólo necesito medicación (o psicoterapia”. En realidad, la mayor parte de los casos en los trastornos psíquicos derivan de causas de distinto tipo y éstas están relacionadas entre sí. Por ejemplo, la causa única de un episodio depresivo no es el déficit de un neurotransmisor cerebral sino que este déficit es una manifestación (y posible factor causal) del trastorno, entre otros.
  • “Si tomo medicación, estaré demostrando que soy una persona débil y/o loca”. Los prejuicios en relación a los trastornos mentales aún se mantienen vigentes. En consecuencia, hay que pensar que la fortaleza y la valentía tienen que ver con tratar de resolver el problema mediante un buen tratamiento terapéutico. Además, las dificultades psicológicas no son patrimonio de nadie, cualquiera puede atravesar por una situación complicada sin que eso signifique estar loco.
  • “Acabaré dependiendo de la medicación, como si fuera un adicto”. La inmensa mayor parte de los psicofármacos no crean dependencia física ni psicológica. En el caso de que sí existiese este riesgo, como sucede con algunos ansiolíticos, quien receta el psicofármaco tendrá que encargarse de controlar la dosis y duración de la prescripción para evitar este inconveniente.
  • “No tomo la medicación como me han dicho pero prefiero ocultárselo al doctor” / “Varío la dosis, o incluso dejo de tomar el fármaco, según cómo me encuentro”. Si el especialista que prescribe el psicofármaco no conoce la realidad de cómo se está tomando, no puede saber hasta qué punto la medicación es efectiva y adecuada o si son necesarios cambios en ella. Añadido a esto, si el profesional no ha indicado que se tenga que variar la prescripción según cómo se encuentre el paciente, es un error hacerlo por cuenta propia. De hecho, hay muchos psicofármacos que requieren de una toma estable para ser eficaces.
  • “La medicación me está provocando efectos secundarios”. A veces, consideramos que una determinada sensación o efecto desagradable es un efecto secundario de la medicación cuando puede que no sea así (por ejemplo, puede tratarse de otro síntoma). Lo más aconsejable es informar bien al profesional que nos atiende de cómo evolucionamos en nuestro estado clínico y de los posibles efectos secundarios que notamos (incluidos aquellos que nos pueden provocar más vergüenza pero que son muy relevantes para nosotros como los sexuales).
  • “He decidido dejar la medicación y no la tomaré a partir de mañana mismo”. Incluso en el caso de interrumpir el tratamiento farmacológico, se tiene que hacer de manera pactada con quien lo prescribe y progresivamente en la mayor parte de los casos. Si no se hace así, pueden tener lugar efectos muy desagradables, no necesariamente porque se haya creado dependencia sino por razones puramente fisiológicas.
  • “A pesar de la medicación, continúo bebiendo alcohol y/o consumiendo sustancias”. Aunque quien prescribe los psicofármacos ya suele contar con un probable consumo esporádico de alcohol por parte del paciente, es mejor la abstinencia o, como mínimo, limitar la frecuencia y cantidad de consumo. En general, el alcohol y otras sustancias (especialmente las “drogas”) pueden no sólo influir en los síntomas del trastorno sino también en el efecto de la medicación, tanto terapéutico como adverso. Un par de ejemplos sobre este aspecto serían la interacción del alcohol con muchos ansiolíticos (se potencian entre sí hasta niveles peligrosos para la salud) y el exceso de consumo de bebidas con cafeína si se padece un trastorno de ansiedad ya que podría anular parte del efecto terapéutico de la medicación.
  • “Voy a pedir al médico (o tratar de conseguir por mi cuenta) la medicación que me ha recomendado un amigo o familiar”. En realidad, cada caso particular tiene que ser evaluado y tratado de manera diferente. Aunque el problema de un conocido se parezca al nuestro, cada paciente aporta una situación específica para tratar y no reacciona igual a todos los medicamentos. Por lo tanto, el psicofármaco que ha funcionado en nuestro hermano o vecino no tiene por qué ser útil para nosotros.
  • “Me recetaron el medicamento hace mucho tiempo y ahora me limito a que el médico de cabecera me lo renueve”. Por desgracia, es un fenómeno muy extendido, en no pocas ocasiones producido o consentido por los profesionales. Así, a menudo hay pacientes que están tomando psicofármacos, habitualmente antidepresivos y/o ansiolíticos, desde hace años sin un correcto seguimiento médico. Incluso, aunque el trastorno fuese crónico y requiera un tratamiento a largo plazo, éste ha de ajustarse a la evolución del paciente. Especialmente grave es el caso de los tratamientos de años de duración sin control en pacientes con problemas de adicción a drogas.
  • “Con la medicación tengo suficiente, no quiero psicoterapia”. Hay que evaluar cuidadosamente cada caso clínico e informar sobre la conveniencia de terapia psicológica, medicación o ambas a la vez. No se trata opciones de tratamiento opuestas sino que pueden ser complementarias en no pocos casos (especialmente los más complejos o graves). En los trastornos depresivos y de ansiedad (que incluyen también el trastorno de pánico, la agorafobia y el TOC), los más frecuentes en la población, la psicoterapia suele ser fundamental. Por supuesto, la eficacia del tratamiento psicológico se ha demostrado en una gran variedad de trastornos mentales, incluyendo aquellos que tradicionalmente se han tratado casi en exclusiva mediante fármacos como el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

 

  En definitiva, hay que mantener una buena relación terapéutica con el profesional que prescribe los psicofármacos (es decir, el psiquiatra en el mejor de los casos u otro médico si no es así). Ello incluye ser abierto con nuestra evolución clínica y aclarar todas nuestras dudas y cuestiones sobre la medicación que nos interesan o preocupan.

  MIQUEL IZQUIERDO

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