Distorsiones cognitivas

Distorsiones cognitivas. El modo en que pensamos.

A menudo es importante darse cuenta del modo en que pensamos. Puede ser que estemos haciendo uso de distorsiones cognitivas que nos impiden sentirnos bien con nosotros mismos. La manera en como percibimos la realidad puede hacernos llegar a conclusiones que nos dejen abatidos o impotentes ante cualquier cambio o mejora.

¿Qué son las distorsiones cognitivas?

Fueron los padres de la Psicología Cognitiva, Albert Ellis y Aaron T. Beck quienes desarrollaron las bases de este concepto. Una distorsión cognitiva es una manera desfigurada de procesar la información del exterior. Podemos decir que interpretamos la realidad que nos rodea y que esta interpretación, depende de como sea, puede reforzar sentimientos normalmente negativos. Nos suele limitar la capacidad de maniobra y nos dirige a una serie de conductas muy enconsertadas, generando sentimientos de impotencia y minando nuestra autoestima.

Algunos ejemplos:

Se han descrito un gran número de distorsiones cognitivas. Algunas que pueden servir de ejemplo son:

  • Pensamiento polarizado. Es cuando pensamos en que todo es o blanco o negro, o todo o nada. La persona que tiende a pensar de manera polarizada es incapaz de ver el punto medio. “He suspendido el examen. Voy a suspender el curso”
  • Personalización. Tendencia a pensar que las cosas ocurren por nuestra intervención o nuestra culpa. Asumimos la responsabilidad del hecho. “Se ha enfadado conmigo por algo que he hecho o dicho”
  • Abstracción selectiva. Ocurre cuando sólo seleccionamos los aspectos o negativos o positivos de un suceso. No sabemos tener una visión generalizada de lo que ha pasado. Cuando sólo vemos lo negativo, estamos hablando de una visión catastrófica de la situación. “Me he olvidado el paraguas, seguro que llueve, me mojo y agarro un resfriado”
  • Los “deberías”. Anunciamos las frases desde la obligación y lo que creemos que deberíamos hacer y deberíamos ser. Nos presupone que las cosas no pueden ser de otra manera. Si se dirigen hacia uno mismo, generan sentimientos de culpa: “Debería caer bien a todo el mundo”. Si estos “deberías” son para los demás, nos generan sentimientos de frustración e ira. “Debería darse cuenta que esto no me gusta”.
  • Razonamiento emocional. Pensar que las cosas son como las sentimos. “Soy un amargado. Eso me ha afectado mucho”
  • Sobregeneralización. Si pensamos que algo ha ocurrido una vez, pasará siempre. “Mi pareja me ha dejado. No encontraré nunca a nadie que me quiera”
  • Inferencia arbritaria. Adivinar el pensamiento ajeno dando un sentido imaginado de la actuación del otro. “Esto lo ha hecho para fastidiarme.”
  • Etiquetación.  A través de un hecho o conducta, poner una etiqueta como si esa única conducta definiera a la persona. “Me he caído, soy  tan torpe”.

¿Qué podemos hacer si pensamos de esa manera?

Cada persona ha de poder averiguar cuál es el origen propio de pensar así. En ocasiones, la manera en como nos presentan el mundo en nuestra infancia, hace que lo miremos o vivamos bajo una mirada borrosa o estricta. La baja autoestima sería otro factor que origina ese funcionamiento mental, reforzando el sentimiento de no querernos lo suficiente.

El primer paso es reconocer la injusticia que cometemos al generalizar algunos hechos atribuyéndoles interpretacions desviadas. ¿De verdad todo es blanco o negro? ¿En serio que si me caigo una vez, me tengo que considerar una persona torpe? ¿Qué probabilidad hay que me resfríe si llueve? ¿Es responsabilidad mía que se haya enfadado o puede ser que venga enfadado de otro sitio?…

Y así podríamos continuar. Como he dicho, primero es detectar el pensamiento. Y después cuestionarlo para poder discernir si somos objetivos en nuestras interpretaciones.

Puede ocurrir que no seamos capaces de ver que somos usuarios habituales de las distorsiones cognitivas, debido al funcionamiento automático de nuestra conducta. Pero si nos sentimos mal, debería ser un indicio de que algo no va bien. Entonces, hay que buscar ayuda profesional para generar herramientas (o despertarlas y hacer un buen uso) para trabajar sobre estos pensamientos distorsionados.

Si tenéis cualquier duda o queréis ampliar la información de este artículo, no dudéis en contactar conmigo.

 

 

 

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