ansiedad

ANSIEDAD: Sufrido tesoro

Cuántos de nosotros no hemos sufrido ansiedad alguna vez en forma de preocupación, nervios, dolor de estómago, irritabilidad, pánico, miedo… En definitiva ansiedad negativa que nos provoca sufrimiento.

Es cierto que la ansiedad nos provoca malestar, y nos bloquea o impide alcanzar nuestros objetivos si no lo sabemos manejar y se prolonga en el tiempo. Pero también es cierto que la ansiedad es un mecanismo de defensa que se activa en situaciones que consideramos peligrosas, o que puede producir algún cambio que provoca inseguridad porque lo consideramos o evaluamos como fuera de nuestro control. Podríamos decir que la ansiedad la utilizamos para defendernos ante una amenaza. Hemos de concebirla como una herramienta de defensa que prepara nuestro cuerpo para dar una respuesta de: huída o lucha. Por ello, ante situaciones ansiógenas como hablar en público, ver una araña, empezar un trabajo nuevo, ligar, estar parado, etc, podemos reaccionar de una manera u otra según sea nuestro patrón de respuesta. Si afrontamos, veremos que la sensación de malestar es muy intensa al inicio, pero después se va disipando porque nuestro organismo se acostumbra. Si evitamos en cambio, siempre estaremos en el mismo punto y no daremos tiempo a que el malestar se reduzca por la habituación de nuestro cuerpo al estímulo que nos produce la ansiedad.

¿Y cómo puede ser que sea tan buena y sin embargo nos haga tanto daño? Su perniciosidad depende de una parte de nuestra manera de pensar y enfocar el peligro, y por otro lado de nuestra experiencia previa, del recuerdo del éxito o el fracaso en situaciones similares pasadas. La ansiedad activa tres sistemas: Cognitivo, Fisiológico, Motor. El cognitivo es lo que pensamos ante una situación que nos produce ansiedad, el fisiológico (sudor, taquicardia, temblor…) es el que se activa ante la señal de amenaza y el motor es el que produce la respuesta (correr, luchar, gritar…). Por ejemplo, una persona con miedo a hablar en público y cuyo pensamiento automático sea negativo y catastrofista como “soy un inútil, no seré capaz de superarlo nunca” evitará aquellas situaciones sociales que le produzcan ansiedad, porque está convencido de que no podrá resolverlo puesto que ha fracasado anteriormente. En cambio, otra persona que se dice a sí misma “No pasa nada, es normal que esté nervioso, no conozco a esta gente, pero lo vas a hacer bien”, durante los primeros minutos se sentirá inquieto, pero a medida que se expone a hablar en público, su nivel de activación se estabilizará. Esto no es fácil, requiere un cambio en nuestros patrones de pensamiento, aprender estrategias para manejar la ansiedad, y una exposición progresiva a la situación ansiógena. Hemos de añadir a nuestro repertorio conductual herramientas de afrontamiento, pero con ayuda podemos conseguirlo!

Como veis, la ansiedad es algo natural para sobrevivir, pero que si no disponemos de herramientas personales para manejarla, se puede cronificar y derivar en un sufrimiento diario ante situaciones cotidianas.

Natalia Marcos

Psicólogo General Sanitario

Col. 20068

namarce@copc.cat

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