ana alcaraz psicologa

Ana Alcaraz Psicóloga

Ana Alcaraz  Psicóloga desde hace 15 años.  Especialista en el ámbito de intervención con personas que padecen trastornos mentales y discapacidad intelectual. También trabaja la autoestima,  la depresión, las adicciones y la ansiedad. Además ayuda a quien lo necesite a controlar sus impulsos. 

¿Por qué elegiste dedicarte a la psicología?
Desde muy pequeña me fascinaba el estar con personas y el poder compartir lo que sentían y pensaban. Me gustaba escuchar y observar. Quería saber cómo funcionaba la mente humana. Creo que a través de este conocimiento, puedo ayudar a las personas. Eso me decidió a escoger la carrera.

¿Qué te ha aportado tu profesión?
Trabajar como psicóloga ha incentivado ciertos valores personales. He aprendido a no juzgar, a entender que hemos de escuchar lo que el otro tiene que decir, porque para esa persona es algo importante. Me he acercado a otras realidades, todas ellas interesantes.

¿Qué es lo que más te gusta de ella?
Lo que más me gusta es que trabajo con y para las personas. Los pacientes me dan su confianza y me dejan entrar en su mundo para que les pueda acompañar. Luego observo como cada pasito dado es transformador, aunque los resultados no se den de manera inmediata.

 ¿Qué casos recuerdas especialmente?
Todos los pacientes que he atendido tienen un lugar en mi memoria. Recuerdo pequeñas cosas de cada uno de ellos. Para mí, lo más importante es que tomaron la decisión valiente de pedir ayuda para hacerse cargo de su malestar emocional.

 ¿Algún o algunos pacientes a los que hayas ayudado de los que te sientas más orgullosa?
Recuerdo una paciente que venía derrotada, triste y apenada. Tenía una vida estable y sin preocupaciones pero no acababa de sentirse satisfecha. Durante el período de terapia surgieron muchos problemas familiares y de salud. Acompañarla en el afrontamiento de estos problemas y descubrir como aprendió a mirar de frente a las dificultades fue una gran recompensa para mí.

 ¿En qué crees que debería mejorar la profesión?
Los psicólogos somos, en general, unos profesionales muy preocupados con el reciclaje y la formación continua. Esto es muy positivo porque las estructuras mentales y emocionales van cambiando como la sociedad. Da garantías que un profesional esté al día de estos cambios sociales. Desgraciadamente, no tienen muy buena prensa. Todavía hay personas que sienten vergüenza en afirmar que siguen tratamiento psicológico. Y todavía hay personas que no escuchan su malestar o deciden no hacer nada con ello.

¿Por qué recomendarías a la gente visitar a un psicólogo?
Considero que el autoconocimiento nos puede ayudar a mejorar, a aceptarnos y a intentar cambiar aquello que no nos hace sentirnos bien. La vida puede tener momentos muy duros pero el ser humano posee una gran fortaleza. Ir al psicólogo puede ayudar a sacar a la luz esa fortaleza. Me gusta pensar que el psicólogo es un profesional del alma y cuando el alma duele o está perdida, hay que acudir al psicólogo, al menos a hacer una puesta a punto.

 ¿Cuál es tu especialidad?
Mi trayectoria profesional ha estado principalmente vinculada a las personas con discapacidad intelectual y con diagnósticos de salud mental. Pero la mayoría de mis pacientes presentan síntomas de ansiedad, depresión, baja autoestima, conflictos interpersonales, etc.

 ¿Quiénes han sido tus referentes profesionales?
A pesar que intento tener un línea integradora y beber de todas las corrientes de la psicología, mis referentes son Freud (padre del psicoanálisis) y Jung (psicólogo y psiquiatra humanista). Los considero mis referentes porque son con los que estoy más de acuerdo a la hora de entender la estructura de la psique humana. Además, muchos de las corrientes actuales se alimentan de sus bases teóricas.

 ¿Hay alguna práctica que se haga habitualmente y que crees que es errónea?
Más que una práctica, es una moda que considero que se está extendiendo muy rápido. Me refiero a esa necesidad de ser positivo en todo momento. Se habla de que si piensas en positivo, tu destino puede cambiar, puedes hacer que sucedan cosas maravillosas. Evidentemente creo en que nuestras actuaciones tienen consecuencias y que somos dueños de lo que nos pasa, pero me parece muy atrevido predicar que siendo optimista todo el tiempo nuestra vida será más feliz. El dolor forma parte del ser humano. No nos debe asustar la tristeza, el miedo o la ira porque son parte de nosotros mismos. Hay que aceptarlos y no intentar mirar a otro lado.

¿Qué le recomendarías a la gente para ser feliz?
La aceptación de uno mismo es una parte indispensable para sentirse bien con uno mismo. También es importante pensar que es lo que nos hace felices, ajustar esas expectativas a la realidad y ser dueños de nuestros propios deseos. También sería interesante poder detectar aquellas creencias que son nuestros dogmas vitales y que nos impiden cuestionarnos ciertos aspectos de nuestra vida que quizás no nos hagan felices. Por ejemplo, una persona con creencias convencionales puede vivir muy angustiada si a determinada edad no ha conseguido lo que se espera de ella (maternidad, éxito profesional, etc.)

¿Qué deberíamos tener en cuenta para elegir a un buen Psicólogo?
Lo primordial es que sea un profesional con la carrera universitaria y que esté colegiada en el Colegio de Psicología correspondiente. Esto debe garantizar cierta profesionalidad. Por otro lado, considero que cada persona debe sentirse libre de escoger su profesional y descartarlo si siente que no hay buen “feeling”. A veces las personas no congenian y mal iríamos para la labor terapéutica si no se establece una buena conexión. Un buen psicólogo sabrá también distinguir cuando aparecen resistencias o problemas en la comunicación.

 ¿Qué virtudes te gusta encontrar en las personas?
Admiro la capacidad de lucha, la no censura que se propicia en el espacio terapéutico. Todo el mundo, si tiene interés, puede hacer cambios. El sentido del humor para mí es una herramienta indispensable para el trabajo terapéutico.

 ¿Te ha costado alcanzar el reconocimiento profesional?
Abrirse camino en el mundo de la psicología clínica no es fácil. Por eso he combinado mi trabajo en la consulta privada con mi labor profesional en entidades sin ánimo de lucro. El esfuerzo y el interés por mejorar ayudan al reconocimiento. He intentado hacer bien mi trabajo y que la gente me devuelva los feedbacks de mi labor profesional. Somos muchos profesionales y muchos muy buenos, por eso, es importante poner mucha atención a cada persona, poder generar un espacio de confortabilidad. También es importante hacer una red de contactos. En mi caso, gracias al trabajo con otros profesionales y al conocido boca-oreja he podido progresar profesionalmente.

¿Si no te hubieses dedicado a la psicología a qué te hubieses dedicado?
Pues no lo sé… ¡Je, je! Siempre tuve muy claro que quería dedicarme a la psicología. Cuando acabé la carrera y me costaba encontrar un trabajo relacionado con la psicología me planteaba hacer algún curso de formación de fontanería. Sí, suena extraño, pero me atraía esa profesión y hace unos 15 años estaba muy bien pagada.
Bromas aparte, si no me hubiera desarrollado en el campo de la psicología, hubiera buscado algún trabajo relacionado con la atención directa a personas de diferentes colectivos vulnerables. La antropología y la sociología son carreras muy atrayentes para mí.

¿Cuándo recomiendas que se te visite?
Pues estaría bien visitarme cuando se sienta que se necesita cambiar alguna dinámica de vida que no acaba de funcionar y que genera malestar. Se me puede visitar cuando se está convencido de que hay que romper con algo que impide avanzar, aunque no se sepa de buenas a primeras de qué se trata.

 ¿Algo de la conducta humana que te fascine?
La fortaleza que todo el mundo tiene sin saberlo. Las actuaciones del inconsciente y lo revelador que resulta cuando se descubren estas actuaciones (lo que conocemos como Insights). Reconozco que también me fascinan algunas psicosis (esquizofrenia, trastorno delirante, etc.)

La vida es cada vez más complicada, y la Psicología es una profesión que está cada vez más presente, ¿están ambas cosas relacionadas?
No creo que la vida esté cada vez más complicada, sino que está diferente. Pienso que la vida cambia demasiado deprisa y los avances hacen que haya mayor individualidad, menor tolerancia a la frustración y el esfuerzo está pasado de moda.. La gente se siente mal y necesita respuestas. Aquí entra la figura del psicólogo. Si no sabemos frustrarnos, cualquier situación que no salga como esperamos nos hará sufrir.

¿Cómo percibe el ciudadano al profesional de la psicología, se puede hablar ya de la necesidad de un psicólogo de cabecera?
Está claro que la prevalencia de los problemas de salud mental es cada vez mayor. De hecho, un gran número de personas sufrirá un problema de salud mental a lo largo de su vida. Desafortunadamente, el acceso a un servicio privado de psicología puede ser difícil para una persona y sobre todo cuando se nos presupone como seres humanos que debemos ser capaces de solucionar solos nuestros problemas. Si todos tuviéramos al alcance un psicólogo muchas situaciones sociales podrían mejorar. Así que la idea de un psicólogo de cabecera es interesante pero con reservas, porque el tratamiento psicológico tiene su temporalidad y requiere una frecuencia corta entre sesiones. Es por ello, que en ocasiones, me he planteado como psicóloga ajustar las sesiones a la situación socio-económica del paciente. Me parece injusto que un paciente interrumpa su tratamiento por no poder pagarlo.

 Hoy día parece que muchas otras profesiones quieren también abarcar el campo de las emociones, ¿la psicología es para los psicólogos o bien otras profesiones también pueden flirtear con la psicología?
Tener conocimientos de psicología no puede hacer daño a otros profesionales. Pero hay que tener cuidado con el intrusismo. Hay muchas terapias alternativas que pueden resultar útiles y ayudar al bienestar emocional. También hay muchas actividades que pueden resultar terapéuticas como ir a comprar, hacer deporte, etc. Soy partidaria que la persona escoja aquellas actividades que le hagan sentir bien. En lo que discrepo es en que no se facilite la información necesaria sobre lo que se está haciendo. La persona debe ser libre de escoger qué terapia quiere hacer y solicitar la formación y la preparación adecuada del terapeuta. También pienso que hay que tener cuidado porque tener ciertos conocimientos sobre emociones o sobre psicología no te convierte en psicólogo.

¿Basta acabar la carrera y obtener el título o luego hay que especializarse según lo que se quiera hacer?
Hay varios aspectos que creo que hay que considerar. Primero, es necesario tener cierta madurez personal y disposición a realizar un trabajo personal para poder ejercer de psicólogo. Quiero decir que es para mí imprescindible que un psicólogo realice una terapia personal. En un espacio terapéutico ocurren muchas cosas que a veces tienen que ver con cuestiones del psicólogo y éste ha de ser capaz de identificarlos. Segundo, hay que escoger una formación complementaria acorde con la vocación del psicólogo. La formación y el reciclaje son importantes.

¿Tienes algún proyecto profesional en mente?
Sí, estoy empezando a desarrollar talleres de diversas temáticas. Tengo programado uno para este mes de julio sobre autoestima. La idea es poder introducir algunos aspectos de la estructura humana para identificar debilidades y fortalezas y emprender un camino para el cambio. Son talleres de tres horas con una metodología dinámica y participativa.

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