10 consejos para el cuidado de un enfermo crónico - Joan Salvador Vilallonga en Especialistas Magazine

10 consejos para el cuidado de un enfermo crónico

10 consejos para el cuidado de un enfermo crónico - Joan Salvador Vilallonga en Especialistas MagazineEn este articulo os ofrezco 10 consejos para cuidar a un enfermo crónico que he ido recopilando en mi actividad profesional y compartiendo experiencias con varios especialistas. El estrés es una de las situaciones más frecuentes entre las personas que ejercen esta tarea. Cuidar a un familiar o a otra persona que tiene una enfermedad incapacitante y de larga duración, con necesidad de atenciones constantes, puede provocar un gran desgaste físico, psicológico y social. Por esto conviene prestarle atención.

 

1. Tomar las decisiones importantes colectivamente

La primera decisión a tomar cuando hay un familiar con una enfermedad incapacitante es: ¿quién debe cuidarlo? Puede hacerlo alguien de la propia familia o una persona contratada a tal fin. La segunda opción probablemente obligue a un familiar que no trabaje a buscar un empleo para poder pagar al cuidador. Por eso habitualmente se opta por la primera (que el cuidador sea un familiar), porque resulta más fácil. La decisión final depende de las prioridades de cada familia.

En nuestro entorno casi todas las cuidadoras son mujeres, pero en realidad no existe ninguna razón por la que un hombre no pueda ejercer este rol. Además si es de la misma familia que la persona enferma se facilita el trato personal, y la confianza existe ya desde el primer momento.

2. Repartir el trabajo

Que alguien haga de cuidadora no significa que tenga que assumir todas las tareas, además de las que son habituales en el mantenimiento del hogar. Algunas cosas se pueden delegar a otras personas para que no todo recaiga sobre la misma.

3. Pedir la colaboración del enfermo

Es deseable que la persona enferma, aunque esté limitada, lleve una vida lo más autónoma posible: estar sentado en lugar de permanecer en la cama, levantarse y andar un poco, asearse solo, etc. No solo descargará parte del trabajo a quien le cuida, sino que también fomentará su propia autoestima.

Además el paciente también puede mantener el contacto con otra gente, participar en actividades o en talleres de estimulación, etc. Los hospitales de día o alternativas de la iniciativa privada (obra social) pueden ofrecer algunos de estos recursos.

4. Aceptar las propias limitacions

Cuidar a un enfermo no es tarea fácil, y algunas cosas pueden salir mal. Exigirse a una misma no cometer ningún error, estar siempre disponible o responder a las necesidades de manera óptima es poner las expectativas tan altas que fácilmente chocarán con la realidad y se verán incumplidas. Y esto lleva a la frustración y a la sensación de no estar a la altura.

Nadie es perfecto, y no tiene sentido que nos pidan que lo seamos. A veces cometemos errores y lo más sensato es aceptarlo y procurar hacerlo mejor otra vez.

5. Poner límites

Las personas que necesitan cuidados por parte de otra de forma permanente pueden reaccionar, a veces, de forma irritable o, incluso con agresividad. Esto sucede, por ejemplo, en algunos pacientes en situación de demencia avanzada (Alzheimer), cuando las cosas no son como quisieran, o cuando el grado de dependencia es muy grande (por ejemplo, necesitan llevar pañales o que otra persona les bañe). No resulta fácil para nadie aceptar la pérdida del control sobre el propio cuerpo, admitir que necesitamos a otra persona para las cosas más básicas, o renunciar a la intimidad.

Pero aceptar esta realidad no implica que la persona cuidadora tenga que soportar que le griten o que le pongan las tareas más difíciles de lo que ya son. Podemos decirle al paciente -siempre manteniendo la calma- que no permitiremos esta classe de conductas y, por otro lado, mostrar agradecimiento cuando haya algun comportamiento de ayuda, de felicitación a la cuidadora, o de intentar mejorar el ambiente.

Nunca, nunca, es una buena idea responder a la agresividad con más agresividad. Haciendo esto se entra en una espiral llamada escalada de tensión que nos aleja la solución del problema. Es mejor mantener la calma y el respeto hacia el enfermo -y hacia uno/a mismo/a- poniendo límites.

6. Hablar con más cuidadores

Si se tiene ocasión es muy recomendable hablar con otras personas que estén cuidando a un enfermo. Su experiencia puede resulta útil para resolver situaciones cotidianas, darse consejos, y hasta desahogarse. Que viene muy bien.

7. Salir de casa y distraerse

Todos necesitamos distracciones. Salir de casa e ir a tomar un café, con alguien o sola, o dar un paseo, ir al cine o a cenar, permitirse un capricho… Cosas que permitan desconectar de la rutina diaria. En este caso es importante no destinar el descanso a hablar de los cuidados o del enfermo. Podemos buscar otros momentos para esto. Es aconsejable cogerse al menos un día libre a la semana. Ayuda a descansar, y a retomar la tarea con más ganas la próxima vez.

8. Practicar ejercicios de relajación

La relajación es muy buena para aliviar las tensiones y reducir el estrés. Se puede practicar tumbándose y cerrando los ojos, e ir imaginando como relajamos cada parte del cuerpo, poco a poco, empezando por los pies e ir subiendo hasta la cara. Para hacerlo necesitaremos un espacio silencioso y con poca luz, y desabrocharnos cualquier prenda que nos apriete (el cinturón, los zapatos, el reloj, etc). Respiraremos por la nariz, muy lentamente.

No se preocupe si al principio no le sale el ejercicio de la relajación. Se necesita entrenamiento para dominarlo. Con la práctica podrá relajarse incluso estando sentado/a o haciendo alguna otra actividad tranquila. Puede pedir la ayuda de un psicólogo para aprender.

9. Tómese unas vacaciones

Además de descansar cada semana es importante estar unos días sin hacer esta tarea. El tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos nos ayuda a cambiar de aires y a recuperar las actividades sociales. Se puede contratar a una persona para que cuide al enfermo en este periodo, o encargarlo a algun otro familiar.

La clave para que estas vacaciones realmente funcionen es desconectar de verdad. O sea, no estar pendiente del teléfono, o pensando como lo estará haciendo la otra persona. Vamos a dejar el rol de cuidadora en casa y nos iremos sin él.

Algunas personas me han comentado que tienen remordimientos de conciencia cuando se alejan unos días del enfermo. Sienten como si rechazaran o abandonaran a esta persona. Lo que les digo es que la cuidadora también tiene derecho a cuidarse a si misma. No solo para descansar y disfrutar de la vida propia, sino también para renovar la energia cuando volvemos a cuidar el enfermo. También él lo va a notar.

10. Consultar a un profesional

Aunque hablemos de lo que nos preocupa con amigos/as o con familiares y esto sea útil para desahogarnos, a veces podemos necesitar la ayuda de un profesional de la psicología para que nos escuche, nos apoye, o nos dé algunas recomendaciones para sentirnos mejor. En este caso es buena idea consultarle para aprovechar su formación y su experiencia.

 

Y usted, ¿está cuidando o ha cuidado a alguien? Estaré encantado de responder a sus comentarios y preguntas, o de resolver las dudas que puedan surgir, en público (dejando un comentario a esta entrada) o en privado, enviando un email haciendo click aquí.

 

¡Muchas gracias!

 

 

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