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Trastorno de Identidad Disociativo. ¿Qué es?

Para explicar el Trastorno de Identidad Disociativo hay que explicar primero que es la disociación. La disociación es un mecanismo de defensa que la mayoría de personas hemos utilizado en alguna ocasión. Se refiere a la desconexión momentánea de la conciencia de ciertas emociones, ideas, sentimientos o percepciones propias. Pero, en estas ocasiones, no estamos hablando de un trastorno de personalidad, ni de una situación en la que se deba acudir a la consulta de un psicólogo.

El Trastorno de Identidad Disociativo, en cambio, es otro tema de gravedad. Anteriormente era conocido como el Trastorno de Personalidad Múltiple, y muchos de nosotros lo conocemos a través de películas como Psicosis, Sybil, El Club de la lucha o Cisne Negro.

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El Trastorno de Identidad Disociativo (en adelante, TID) se da cuando hay presencia de dos o más estados o identidades de personalidad. Cada uno de estos estados obedece a una patrón relativamente persistente. Son estados consistentes que se presentan aleatoriamente, siendo uno de ellos dominante. Una de las características es que se produce un vacío de memoria y la persona no recuerda que ha hecho o que ha sucedido mientras se manifestaba el otro estado.

Suele tener un orígen traumático. La causa principal es la vivencia de un abuso sexual o psicológico extremo y fecuente durante la infancia. El niño desarrolla un estado disociativo como defensa para hacer frente al abuso pero lo que puede ser útil en la infancia, deviene disfuncional en la vida adulta. Esto no significa que cualquier niño que haya vivido una experiencia traumática durante la infancia acabe desarrollando un TID, sino que será más frecuente en aquellas personas con una capacidad disociativa superior, es decir, una habilidad para separar los recuerdos de la conciencia.

Cada estado se va formando a través de una emoción. Y en ocasiones, es esa emoción la desencadenante de la aparición de la identidad conectada a ésta. La persona puede ser consciente de la existencia de las otras personalidades pero no puede controlar su aparición y tampoco recordar que hacen o dicen.

En los casos de mayor gravedad puede haber conversaciones internas entres las diferentes personalidades, lo que confunde el TID con un trastorno psicótico como la esquizofrenia. Mientras que en la esquizofrenia existe una pérdida de contacto con la realidad, en el TID, la persona en todo momento actúa conectada en el aquí y ahora, independientemente de la personalidad que se manifieste en ese momento.

Otros síntomas:

La persona con TID puede recuperar recuerdos o reexperimentar los hechos traumáticos. La amnesia que presenta o pérdida de tiempo se da en relación a la aparición de un estado distinto. Esto quiere decir que cada estado recuerda lo que ha hecho, pero no sabe reconocer lo que hacen los otros estados y conocen, en muchos casos, de su existencia a través de la información que reciben de las personas de su entorno.

Presentan, además, muchos sintomas físicos, dolores de cabeza, alteraciones del apetito y del sueño, entre otros.

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Diagnóstico:

Establecer el diagnóstico del TID es algo complejo. Se presenta con otros trastornos que dificultan su identificación. Ya hemos comentado que, en algunas personas, se ha confundido con la esquizofrenia. Tampoco se trataría de un alter-ego. El alter-ego es la creación consciente de una personalidad diferente. Es algo inventado, creado y fomentado por la persona. No genera ningún tipo de angustia y tampoco existe la amnesia. Un TID no es consciente totalmente de sus múltiples estados (pueden ser entre 2 o 10 estados distintos).

Debido a que las personas con TID pueden padecer depresión, trastorno de estrés post-traumático, fobias, trastornos de pánico, trastorno límite de personalidad, etc. el llegar a este diagnóstico puede ser un proceso largo.

Las personas con TID tienden a consumir de manera abusiva alcohol y otras drogas, por lo que en ocasiones, se detecta este diagnóstico cuando se encuentran en tratamiento del trastorno de abuso de sustancias.

Además, requieren hospitalización en momentos puntuales a causa del resurgimiento de emociones intensas desbordantes que provocan intentos de suicidio o conductas de automutilación.

Tratamiento:

El tratamiento indicado en estos casos es la psicoterapia. Principalmente, se trabaja para poder disminuir los síntomas concomitantes al trastorno.

Se debe abordar el consumo de sustancias y los síntomas de ansiedad y depresión que acompañan al paciente. Esto puede requerir el tratamiento farmacológico o terapias grupales y/o familiares.

El objetivo del tratamiento sería invertir la disociación. Es decir, conseguir la integración de las personalidades, pero es un objetivo ambicioso, ya que el TID presenta una cronicidad fuerte. El diagnóstico se produce tarde, después de muchos años de observar la conducta de un paciente que acude a consulta por otros motivos (ansiedad, depresión, consumo de sustancias, ideas autolíticas, etc.). Esto ocasiona que el funcionamiento sea algo muy cristalizado y por tanto, de difícil reconstrucción.

Se suele aplicar la hipnosis como recurso para acceder a los otros estados. Los resultados de la hipnosis han sido positivos, pero hay que tener en cuenta que pueden conllevar crisis emocionales en la persona que se conducirán gracias al acompañamiento del terapeuta (psiquiatra o psicólogo).

Prevalencia:

Por último, es importante señalar que se da en mayor frecuencia en las mujeres que en los hombres. Y que, a pesar que se consideraba un trastorno poco frecuente, se ha descubierto, gracias a la mejora en los instrumentos diagnósticos, que su prevalencia es mayor a la que hasta entonces se pensaba.

 

 

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