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Las emociones son amigas o enemigas?

Las emociones  son amigas o enemigas? Empiezan a considerarse un enemigo viral que debe ser eliminado a la mayor brevedad, un obstáculo en nuestro funcionamiento diario, una carga insostenible. Esta perspectiva acerca del mundo afectivo resulta sumamente dañina, pues en el intento de eliminarlas, nos perdemos simultáneamente del camino que nos llevaría a comprender su mensaje y a solucionar aquello que nos revelan.

A diario llegan pacientes a la consulta con la misma demanda: eliminar la ansiedad, la tristeza, el enfado, la ira… las malditas emociones negativas que tanto incomodan. Resulta evidente que sostener este tipo de experiencias resulta costoso y que puede llegar a convertirse en una verdadera pesadilla para muchas personas. Aun así adoptar una estrategia de controlar o eliminar de manera inmediata suele ser un remedio a corto plazo que complica la situación con el tiempo: algo así como pretender que un árbol no vuelva a crecer cortando el tronco y dejando las raíces ancladas a la tierra. Cualquier emoción (o síntoma) nos está dando una señal, nos habla de una necesidad (o varias) insatisfecha, algo que nos falta o nos sobra en nuestra vida… si no atendemos a aquello que se esconde debajo de la emoción, la cuestión quedará probablemente irresoluble, y por ello condenada a repetirse

Así pues resulta más provechoso para la persona, el permitir que la emoción se exprese y simultáneamente atreverse a mirar para descubrir lo que aparece más allá de la misma. Al tomar conciencia de la verdadera necesidad podremos abordar el origen real del síntoma, e interviniendo sobre las raíces, aprender la forma más saludable de hacerle frente. En muchas ocasiones necesitamos la ayuda del otro para poder ver aquello que se nos escapa en este laberinto emocional: aquí cobra importancia la figura del terapeuta, el acompañante en el  camino para descubrir que es lo estoy necesitando, eso que mis emociones me cuentan y que a veces tanto cuesta entender.

Vamos a atrevernos a sentir y a escuchar lo que nos está pasando; nuestro organismo es sabio, y sabe mandarnos las señales pertinentes adecuadas a nuestro estado vital. Si somos capaces de atenderlas, podremos empezar a considerar a todas nuestras emociones como “amigas” y  “positivas”, en tanto en cuanto, aparecen para ayudarnos a recuperar nuestro equilibrio y bienestar.

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