infancia y sexualidad 2

Hablando de sexo con mi hijo

Esta es una cuestión que muchos padres tememos que nos planteen nuestros hij@s. Nos puede incomodar el hecho de no saber cómo ni cuándo ni con qué palabras hacerlo, o si es apropiado hablar con ellos de esta cuestión y de hacerlo, qué contenidos son los apropiados a cada edad.

¿Cuándo debo hablar con mis hijos/as de sexualidad?

Una de las características principales de la infancia es que son seres curiosos. La curiosidad es un motor de aprendizaje. Los niños y las niñas desean explorar y conocer su entorno, y esto engloba su propio cuerpo y el de los demás. Por ello, cuando los padres nos planteamos qué momento es el idóneo para hablar con nuestros hij@s sobre sexualidad, la respuesta es sencilla, cualquier momento. Debemos aprovechar cualquier tipo de situación o preguntas para inculcar poco a poco aquellos valores y actitudes acerca de la sexualidad que queramos transmitirles, ya que sexualidad no sólo es sexo.

Cuando nuestros hij@s nos planteen preguntas acerca de la sexualidad, tenemos que tener presente que lo fundamental es dar una respuesta a esta curiosidad infantil de una forma clara, sencilla y sincera, ya que por el contrario, si son respuesta ambiguas, evasivas o ausentes, ayudaremos a que lo sexual se convierta en algo tabú o prohibido. Es decir, la forma en que transmitamos estos conocimientos y actitudes marcará la visión de nuestros hijos hacia la sexualidad. Uno de los condicionantes a la hora de transmitir estos conocimientos es la visión que tengamos nosotros de nuestra propia sexualidad.

La educación sexual es un proceso continuo que comienza en edades tempranas. Lo ideal es que se pueda hablar en casa abiertamente sobre la sexualidad. Al hacerlo, y de una forma natural, los niños/as pueden participar de la conversación y escuchar hablar de ella, lo que hace que se aprenda a llenar de contenidos y significados la palabra sexualidad y todo lo que ello engloba. Lo más importante de este proceso es la creación de un ambiente de confianza donde lo esencial es el diálogo y donde sepan que tienen la libertad de expresarse y preguntarnos cualquier duda, donde tengan la seguridad de que nosotros estamos dispuestos a dar respuestas y, donde no serán juzgados a la hora de hacerlo.

Nunca es demasiado tarde para hablar con nuestros hijos/as sobre sexualidad

¿Cómo debo hacerlo?

Responder a la curiosidad infantil no puede limitarse a contestar a sus preguntas, y menos quedarnos en una visión únicamente biológica. Debemos educar a nuestros hijos desde una visión positiva de la sexualidad, por tanto, cuando se hable de sexualidad es imprescindible hablar de todo aquello que nos parece importante. Es decir, cuando hablemos de sexualidad deberemos hablar de los principios y valores que queramos transmitirles a nuestros hijos así como deberemos hablarles de las distintas orientaciones sexuales que existen, de la importancia de la autoestima, de la intimidad, de las relaciones sexuales, la anticoncepción, el afecto en las relaciones, las relaciones interpersonales, el respeto, la libertad de elección y decisión, la imagen corporal que tengamos, los cambios fisiológicos que van a sufrir o están sufriendo, las actitudes y los valores sobre la sexualidad, etc.

Los padres no tenemos por qué saber de todo, no hace falta que conozcamos todas las respuestas a todas sus preguntas. Si algo se desconoce basta con informarse. Lo esencial en estas conversaciones es la manera en la que se transmite el mensaje, se debe tener como objetivo el que nuestros hijos/as sepan que no hay temas tabú en casa, y que puedan tener la suficiente confianza para acudir a nosotros para resolver sus dudas.

¿A qué edad es recomendable?

Cualquier edad es buena para hablar con nuestros hijos/as de sexualidad. Por ejemplo, si estamos esperando un hermanito/a, deberemos dejar a un lado la fantasía acerca de la cigüeña y contestar a su curiosidad de una forma clara y sincera, y sobre todo adaptada a la edad y a su nivel de comprensión.

Así mismo, a ciertas edades, los padres deberemos anticiparnos a cuestiones importantes, como son los referidos a los cambios fisiológicos que sufrirán nuestros hijos/as una vez entrados en la pubertad o pre-pubertad. Por ejemplo, a una niña de 8 años se le puede ir explicando o introduciendo en conversaciones donde se exponga lo que es la menstruación, de esta forma sabrá lo que en unos años le sucederá a su cuerpo. O adelantarnos a las dudas que les puedan surgir en sus primeras relaciones interpersonales como por ejemplo, a vuestro/a hijo/a de 14 años se le puede hablar de la libertad de elección de pareja, del respeto en las decisiones, en el afecto en las relaciones interpersonales y sexuales, etc.

Además, tenemos que tener cuenta, que en muchas ocasiones deberemos ser nosotros los que iniciemos estas conversaciones ya que por vergüenza muchos de ellos no acudirán a nosotros.

A modo de resumen…

  • La actitud que nosotros, como personas adultas, tengamos hacia la sexualidad, marcará el entendimiento de los niños acerca de la sexualidad. En definitiva, la manera que tengamos de reaccionar ante una situación relacionada con la sexualidad (nuestros pudores, nuestras carencias, nuestros silencios u opiniones) marcará su desarrollo sexual, ya que, en muchos casos, actuamos como modelos de referencia para ellos.
  • Tenemos que tener muy presente la forma en que nos vamos a enfrentar a su curiosidad, cómo resolveremos sus preguntas y de qué forma daremos respuesta a sus dudas. Deben ser respuestas claras, sencillas y comprensibles.
  • Establecer un ambiente de confianza, respeto y tolerancia es la mejor forma de crear un clima de seguridad donde se puedan expresar las dudas de una forma abierta, sincera y natural. De esta forma, se fomentará un ambiente donde la sexualidad pase de ser un tema tabú a ser un tema natural y donde la sexualidad de nuestros hijos/as pueda desarrollarse de una forma sana. Facilitando así, que la familia sea el referente principal de la educación afectivo-sexual.
  • Los padres tenemos la responsabilidad de promover una actitud positiva hacia la sexualidad, entendiendo ésta como una forma de comunicación y fuente de salud, placer, afectividad y, cuando se desea de reproducción. Los niños son como esponjas, absorben todo lo que aprenden, por tanto si se habla de sexualidad y todo lo que ello engloba desde una perspectiva positiva, ellos actuarán en consecuencia y con responsabilidad, y podrán disfrutarla de una forma sana y sincera.

Una buena educación en sexualidad tiene como objetivo que nuestros/as hijos/as aprendan a conocerse, aceptarse y a expresar su sexualidad de modo que sean felices.

 

 

 

 

 

 

Noticias Relacionadas

Comments are closed

info@especialistasmagazine.com